

Repartir la vivienda y las deudas comunes en un divorcio se ha vuelto más complicado desde que subieron los tipos de interés. Cuando hay una hipoteca de por medio, sobre todo si es variable o se firmó hace poco, la liquidación de gananciales deja de ser un trámite y se convierte en el punto donde muchos acuerdos se atascan, según explica el bufete sevillano Asencio Cantisán, especializado en derecho de familia.
Además de las decisiones emocionales que implica una separación, hay cuestiones prácticas que pesan tanto o más en el resultado final: la hipoteca, otros préstamos compartidos y la custodia de los hijos. Cuando existe una vivienda con carga hipotecaria, la capacidad de uno de los cónyuges para asumir esa deuda en solitario, o para compensar al otro, suele marcar si el acuerdo sale adelante o se estanca.
Entre los problemas más frecuentes al liquidar gananciales están las discrepancias sobre el valor real del inmueble, las dificultades para venderlo en el momento adecuado y la imposibilidad de uno de los cónyuges de hacerse cargo de la hipoteca por sí solo. Un abogado especializado en estos casos suele encargarse de ordenar el inventario de bienes, valorar los activos con criterios objetivos y plantear opciones que permitan decidir con la cabeza fría, no solo con la emoción del momento.
Con la vivienda familiar hay varias vías posibles, cada una con sus propias consecuencias: venderla y repartir lo obtenido, adjudicarla a uno de los cónyuges con una compensación económica al otro, mantenerla en copropiedad durante un tiempo, o atribuir su uso a uno de los dos por la custodia de los hijos menores u otros motivos justificados. Elegir entre estas opciones exige mirar tanto el mercado inmobiliario del momento como la situación real de la hipoteca, algo que se ha vuelto más difícil de calcular con la escalada reciente del euríbor.
Revisar bienes y deudas con calma, antes de sentarse a negociar, abre la puerta a soluciones que funcionan para ambas partes. Para eso ayuda tener a mano escrituras, recibos de la hipoteca y justificantes de aportaciones propias, documentación que da una imagen clara de la situación económica real de la pareja. El divorcio de mutuo acuerdo suele resolverse antes cuando las dos partes entienden bien las implicaciones económicas de lo que firman. Cuando no hay consenso, sobre todo en la valoración del inmueble o en quién asume qué deuda, el proceso puede alargarse mucho más de lo necesario.
El contexto no ayuda: las hipotecas siguen firmándose a buen ritmo en España, pero con condiciones más exigentes que hace unos años, lo que complica especialmente a los matrimonios con hipoteca variable o con una vivienda comprada recientemente. En esos casos, contar con asesoría legal especializada desde el principio suele evitar que un desacuerdo puntual se convierta en un litigio largo.
¿Por qué complica la subida de tipos la liquidación de gananciales?
Porque encarece asumir en solitario una hipoteca compartida y dificulta calcular compensaciones justas cuando la cuota ha subido respecto a la firma original.
¿Qué opciones hay para la vivienda familiar en un divorcio?
Venderla y repartir el importe, adjudicarla a un cónyuge con compensación, mantener la copropiedad temporal, o atribuir su uso por custodia de los hijos.
¿Qué documentación conviene tener lista antes de negociar?
Escrituras del inmueble, recibos de la hipoteca y justificantes de las aportaciones económicas de cada cónyuge.
¿Es siempre más rápido un divorcio de mutuo acuerdo?
Suele serlo, pero solo si ambas partes entienden y aceptan las implicaciones económicas del reparto. La falta de consenso en la valoración de bienes puede alargar el proceso.
Fuente: Portal Financiero.
