
La situación en Ucrania sigue marcada por la tensión en el Donbás y el control de la central nuclear de Zaporiyia, puntos cruciales que obstaculizan un acuerdo de paz. El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, afirmó que no es posible retirar las tropas de estas áreas sin garantizar la retirada de las fuerzas rusas. En una entrevista reciente, subrayó la importancia de proteger a las 300.000 personas que viven en el Donbás y propuso la creación de una zona desmilitarizada, stipulando que cualquier avance hacia la paz debe incluir un referéndum sobre una zona económica libre en la región, reflejando así un plan que considera necesario para el futuro de Ucrania.
Por otro lado, la relación entre Rusia y Ucrania se tensa aún más con acusaciones mutuas sobre ataques recientes. Mientras el Kremlin acusa a Ucrania de un ataque con drones contra la residencia de Vladimir Putin, lo que Moscú califica de «ataque terrorista», Ucrania rechaza estas afirmaciones como desinformación y parte de una estrategia de propaganda rusa. El ministro de Exteriores ucraniano, Andri Sibiga, instó a la comunidad internacional a no caer en las manipulaciones del Kremlin, asegurando que Ucrania busca mantener el trabajo hacia una paz duradera, una posición reflejada en el apoyo resuelto de aliados como España y el resto de Europa, que enfatizan la necesidad de una solución justa que respete la soberanía ucraniana. Mientras tanto, las hostilidades continúan, con Rusia afirmando avances territoriales en el este del país, alimentando la incertidumbre sobre el control futuro de las regiones en conflicto.
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