

El estreno de El diablo viste de Prada 2 ha vuelto a poner sobre la mesa una vieja sospecha: ¿quién fue la asistente real que inspiró el personaje de Emily, el papel con el que Emily Blunt se hizo un hueco en Hollywood en 2006? Veinte años después, la propia interesada lo ha contado en un podcast. Se llama Leslie Fremar, fue mano derecha de Anna Wintour en Vogue y asegura que la frase «un millón de chicas matarían por tu trabajo» salió de su boca antes de aparecer en el guion.
Fremar trabajó en la redacción neoyorquina de Vogue a finales de los noventa, en la misma época en la que Lauren Weisberger pasó por la oficina como asistente de Wintour. De ese paso fugaz salió la novela que dio pie a la película original, con Meryl Streep en el papel de la directora Miranda Priestly y Anne Hathaway como la sufrida Andy Sachs. La secuela, dirigida de nuevo por David Frankel, llega ahora con un público que se sabe los gestos de Streep de memoria y que ha esperado dos décadas para volver al despacho de la revista.
«Yo lo dije primero, y no estaba bromeando», resume Fremar en el podcast. La exasistente cuenta que aquella sentencia describía la realidad del puesto: cola larga de candidatas, jornadas eternas y una jefa que no admitía un café tibio. Que la frase acabara en el guion del filme le sigue pareciendo, dice, una de las pocas concesiones literarias que Weisberger acertó a calcar de la oficina.
El detalle no es menor. La novela se publicó en 2003 y llegó a la lista de superventas del New York Times en cuestión de semanas, con un retrato del entorno de Vogue que Wintour nunca comentó en público. Fremar, en cambio, sí ha hablado, y lo ha hecho dejando claro que su lectura de aquellos años no coincide con la que vendió el libro.
Los primeros borradores de la novela, según Fremar, eran «muy malvados». Asegura que Weisberger apenas socializaba con sus compañeras de redacción y que tomó nota de conversaciones y manías sin que nadie supiera para qué. La exasistente añade un detalle incómodo: nadie en la oficina supo del proyecto hasta que el libro estaba en imprenta, ella misma se enteró cuando ya no formaba parte del equipo. Lo describe, sin rodeos, como una traición.
El relato de Fremar contrasta con la versión que Weisberger ha sostenido durante años: que su novela era ficción, que mezclaba experiencias de varias revistas y que el personaje de Miranda Priestly no estaba calcado de Wintour. La asistente real no comparte ese matiz. Para ella, el libro retrató con precisión la dinámica concreta del despacho de la directora y, de paso, dejó marcadas a personas que no habían pedido aparecer en una novela.
La relación entre Fremar y Blunt tampoco ha sido fluida. La exasistente cuenta en el podcast que sus pocos encuentros con la actriz británica fueron tirantes y que ninguna de las dos buscó el acercamiento. Blunt, por su parte, ha repetido en varias entrevistas que su Emily era una construcción a partir del guion, sin un modelo concreto. Las versiones, ahora, no encajan.
El estreno de la secuela ha reactivado todo este ruido. Veinte años después, la película sigue funcionando como puerta de entrada al mundo de la moda para gran parte del público joven, y la cultura del cine sigue dando lugar a debates parecidos en festivales de la capital como Documenta Madrid, donde el documental ha vuelto a poner el foco sobre los relatos basados en hechos reales y los límites de la ficción inspirada en personas concretas.
20th Century Studios ha cuidado el lanzamiento al detalle, con campañas en las principales capitales europeas y una presencia mediática que recuerda al ruido de 2006. La industria del entretenimiento atraviesa, además, un momento delicado en España: hace pocos días, el Ministerio de Consumo multó a la productora de Zona Gemelos por promover juego ilegal, una señal de que la promoción audiovisual está bajo lupa en cuanto a contenidos vinculados a marcas y patrocinios.
En el caso de El diablo viste de Prada 2, el debate gira por otro lado: la frontera entre lo que es ficción y lo que se acerca demasiado a personas con nombre y apellido. Fremar, después de dos décadas en silencio, ha decidido contar su versión. Habrá que ver si Weisberger responde.
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Es una exasistente de Anna Wintour en la revista Vogue a finales de los noventa. Hoy trabaja como estilista de celebridades en Hollywood y ha sido la voz que ha confirmado, dos décadas después, que el personaje de Emily se inspiró en su trabajo en la redacción.
Según Fremar, sí. Asegura que la pronunció en la oficina antes de que apareciera en el guion de la película de 2006 y que describía la presión real del puesto de asistente.
Wintour nunca ha comentado en público el libro de Lauren Weisberger ni la película. Su entorno ha mantenido el silencio durante veinte años, y la directora de Vogue sigue al frente de Condé Nast.
La secuela ha llegado a las salas en 2026, dirigida de nuevo por David Frankel y con el regreso de Meryl Streep, Anne Hathaway y Emily Blunt en sus papeles originales.
Considera que los primeros borradores eran «muy malvados», que Weisberger no socializaba con sus compañeras y que el equipo no supo del proyecto hasta que la novela ya estaba terminada. Vive la publicación como una traición.
