
En el corazón de Nueva York, la Séptima Avenida aún conserva su apodo de Fashion Avenue y la zona que se extiende entre las calles 34 y 42, conocida como el Garment District, evoca un pasado en el que este área era el epicentro del diseño y la confección. Sin embargo, en la actualidad, quedan pocos vestigios de esos días de esplendor. Mientras que algunos estudios de diseñadores siguen operativos, los talleres de confección prácticamente han desaparecido, dejando sólo algunas tiendas que venden tejidos al por mayor y pequeños talleres aislados. Esta transformación refleja un cambio más amplio en la industria de la moda, que ha migrado hacia una producción masiva en fábricas deslocalizadas, mayoritariamente situadas en el sudeste asiático.
El paisaje de la moda contemporánea está dominado por dos gigantes: Kering y LVMH, que han monopolizado el mercado, dejando poco espacio para marcas de diseño independiente. Esta centralización redefine el concepto de moda, concentrando el poder en las manos de unos pocos grandes holdings. Los pequeños diseñadores luchan por sobrevivir en un entorno donde la producción en masa y la globalización del mercado dictan las reglas del juego. La esencia creativa y artesanal que una vez definió áreas como el Garment District se diluye cada vez más, mientras la industria se enfrenta a nuevos desafíos y dinámicas en un mundo cada vez más globalizado.
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