

Cada primavera, un grupo de estudiantes de periodismo de la Universidad de Nevada, Reno, inicia su formación con un ejercicio singular: presentar solicitudes bajo la Ley de Libertad de Información (FOIA). Este ritual académico tiene como objetivo enseñar a los futuros comunicadores la relevancia de la transparencia gubernamental y el derecho del público a acceder a documentos oficiales. Durante años, estas solicitudes, dirigidas principalmente a la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) sobre quejas relacionadas con programas de televisión y eventos culturales como los Grammy, recibían respuesta en cuestión de semanas, si no días. No obstante, este año marcó un cambio de rumbo perturbador.
En un giro inesperado, las solicitudes presentadas en septiembre para obtener quejas de consumidores contra estaciones como NPR y PBS han llevado a un enmudecedor silencio gubernamental durante más de siete meses. Mientras la paciencia de los jóvenes periodistas es puesta a prueba, queda en evidencia el desafío de perseverar ante la falta de respuesta por parte de las autoridades.
En este contexto, los Foilies, premios que encuentran su dosis anual de ironía, vuelven a la carga con fuerza. Creada por la Electronic Frontier Foundation y MuckRock en 2015, esta iniciativa tiene lugar durante la Semana del Sol, en marzo, para señalar la importancia de un gobierno abierto. Los «ganadores» de estos premios humorísticos son aquellos que personifican una opacidad que desafía toda lógica.
Uno de los casos más notables este año es el del gobernador de Texas, Greg Abbott, quien ganó el «Premio Cartas de Amor» al omitir comunicaciones con Elon Musk. A pesar de la orden de liberar cerca de 1,400 páginas de correos electrónicos, muchos documentos fueron remitidos completamente redactados, dejando al descubierto solo un vacío de información.
Otro ejemplo llamativo es el de la ciudad de Vancouver, que ha implementado un cobro de 10 dólares canadienses por cada solicitud de acceso a registros públicos, justificando la medida como una estrategia para evitar abusos. Esta controvertida decisión ha suscitado críticas al considerar que tales solicitudes ya son financiadas por los impuestos de los ciudadanos.
Por otro lado, el Departamento de Seguridad Nacional ha adoptado un nuevo enfoque para gestionar los mensajes de texto entre funcionarios, pidiendo que se capturen pantallas en lugar de archivar automáticamente los registros. Este cambio ha sido percibido como un retroceso significativo en materia de transparencia.
A través de estos y otros casos de opacidad burocrática, los Foilies buscan alertar sobre prácticas que merman el derecho a la información y la rendición de cuentas. Sin embargo, la esperanza no se desvanece. En medio de esta lucha, los estudiantes de Reno también reportan victorias. Sus esfuerzos han conseguido acceso expedito a registros de inspecciones de salud de restaurantes, demostrando que, donde hay disposición, la transparencia es alcanzable.
