
La gestión de herencias sigue siendo un tema que, por su naturaleza delicada y compleja, suele evadir las conversaciones familiares habituales. Sin embargo, instituciones, abogados y expertos insisten en que el conocimiento y la preparacion en esta materia son fundamentales para evitar complicaciones futuras y garantizar que los deseos del fallecido se respeten.
Uno de los conceptos que aún persiste en la sociedad es la idea de que redactar un testamento es un trámite reservado únicamente para quienes gozan de grandes fortunas o se encuentran en edades avanzadas. Sin embargo, el abogado especializado en herencias y derecho sucesorio, David Jiménez, advierte que esta percepción es un error. “Tienes que hacerlo”, afirma enfáticamente, señalando que la decisión de dejar plasmadas las últimas voluntades responde sobre todo a la voluntad de ordenar el futuro patrimonial para evitar conflictos y complicaciones, independientemente de la cuantía del patrimonio.
Jiménez señala que no existe relación entre el volumen del patrimonio y la necesidad de formalizar un testamento. Muchas personas creen erróneamente que si no poseen propiedades significativas, no es necesario hacerlo. “Lo primero que tienes que saber es que hacer testamento no depende del dinero que tienes o del tamaño de tu patrimonio”, explica en un video difundido en su perfil de TikTok. La motivación real para redactar uno, sostiene, es facilitar la distribución de los bienes y evitar la proliferación de conflictos familiares o administrativos en el futuro.
En España, la ley establece que, en ausencia de un testamento válido, la herencia será repartida siguiendo estrictos criterios de parentesco, con una jerarquía predeterminada que puede resultar en decisiones contrarias a los deseos del fallecido. El Código Civil regula estas disposiciones, aunque algunas regiones, como Cataluña, cuentan con legislaciones propias y leyes forales que alteran estos procedimientos. Cuando no hay un documento que exprese la voluntad del difunto, los herederos deben acudir a trámites adicionales, como la declaración de herederos, que involucra la presentación de documentación como el libro de familia y la celebración de sesiones ante notario con testigos, lo cual puede resultar engorroso en un momento de duelo.
La carga emocional de estos procesos se suma a la complejidad burocrática. La búsqueda de documentos, la formalización de la sucesión y las disputas que puedan surgir por el reparto son elementos que complican aún más el contexto. Jiménez comenta con ironía que, en muchas ocasiones, estos procedimientos parecen diseñados para dificultar la paz familiar en lugar de facilitarla. “Imagínate, en un momento en el que una persona fallece y los herederos deben empezar a buscar documentación, tener que presentar testigos y, en definitiva, multiplicar las gestiones, ¿qué sentido tiene esa carga burocrática en un momento tan delicado?”, cuestiona.
Por ello, expertos recomiendan encarecidamente la planificación anticipada mediante la redacción de testamentos. Como además puede influir en aspectos fiscales, permitiendo ahorrar en impuestos, lo que requiere una adecuada planificación, el testamento se presenta como una herramienta útil y necesaria para quienes desean tener control sobre su legado y evitar futuros conflictos legales.
Todo esto subraya la importancia de abandonar ideas preconcebidas sobre quién debe o no hacer testamento. Su utilidad trasciende la acumulación de riqueza y se convierte en un acto de responsabilidad y consideración hacia los seres queridos, que puede marcar la diferencia en el manejo de bienes y derechos en un momento de pérdida.
