

La inversión empresarial en la Unión Europea cerró el cuarto trimestre de 2025 en el 21,8%, la cifra más baja desde el tercer trimestre de 2015. El dato, recogido por Eurostat sobre el conjunto de las corporaciones no financieras, confirma una tendencia descendente que arranca en 2021 y rompe con el ciclo expansivo que vivió el bloque entre 2014 y 2018, cuando la tasa pasó del 22% a casi el 24%.
El indicador, conocido como tasa de inversión empresarial, mide el peso de la formación bruta de capital fijo sobre el valor añadido de las empresas. Es uno de los termómetros que utilizan Bruselas y los analistas para medir cuánto destinan las compañías a maquinaria, instalaciones, software o construcción productiva. Un descenso prolongado se traduce, a medio plazo, en menos capacidad instalada y menos productividad.
Entre 2014 y 2018 la inversión de las empresas europeas creció de forma sostenida. Hubo picos puntuales en los segundos trimestres de 2015, 2017 y 2019, y otro repunte entre finales de 2019 y comienzos de 2020. Buena parte de esos saltos se explica por la importación de propiedad intelectual, especialmente patentes y licencias de software vinculadas a multinacionales con sedes fiscales en países como Irlanda o los Países Bajos.
Desde 2021 la curva apunta a la baja. La pandemia, la crisis energética derivada de la guerra de Ucrania, la subida de tipos del Banco Central Europeo y la incertidumbre regulatoria han enfriado las decisiones de inversión a largo plazo. Las empresas han priorizado caja, recompra de acciones y reducción de deuda frente a nuevos proyectos productivos.
Las cifras nacionales más recientes, correspondientes al cierre de 2024, dibujan un mapa muy desigual. Hungría encabeza la clasificación con un 28,4% de tasa de inversión empresarial, seguida por Croacia (28,3%), República Checa (27,6%), Bélgica (27,0%) y Suecia (26,9%). Son los cinco países que más peso dan a la inversión productiva sobre el conjunto de la actividad de sus empresas.
En el lado opuesto, Luxemburgo registra la cifra más baja, con un 15,9%. Le acompañan Irlanda y Chipre (16,0% cada uno), Países Bajos (16,7%) y Malta (16,8%). El patrón no es casual: hablamos de economías con un fuerte componente financiero o de servicios, donde el valor añadido se concentra en actividades que requieren menos capital fijo. La planificación estratégica de las grandes corporaciones también influye: muchas optan por externalizar producción y mantener en plantilla solo las funciones de diseño, marca y gestión.
Eurostat construye el indicador a partir de la secuencia de cuentas, una herramienta estadística que cruza los flujos no financieros con los stocks y flujos financieros de los distintos sectores institucionales: corporaciones, administraciones públicas y hogares. La metodología permite desagregar por país, periodo y frecuencia, y se publica trimestralmente.
El dato del cuarto trimestre de 2025 se conocerá con detalle por paí es en las próximas semanas, cuando se publiquen las cuentas nacionales completas. La cifra del 21,8% corresponde al agregado UE-27 y es la referencia que utilizarán el Eurogrupo y la Comisión Europea para evaluar la salud del tejido empresarial del bloque en su próxima ronda de previsiones.
Mide qué porcentaje del valor añadido bruto de las empresas no financieras se destina a formación bruta de capital fijo, es decir, a comprar maquinaria, equipos, software o construir instalaciones productivas. Cuanto mayor es el porcentaje, más están invirtiendo las empresas en su capacidad futura.
Inciden varios factores: tipos de interés todavía altos, costes energéticos por encima de la media histórica, debilidad de la demanda exterior y un entorno regulatorio incierto en ámbitos como la transición verde y la inteligencia artificial. Muchas empresas posponen decisiones de capital hasta que el escenario se aclare.
Hungría (28,4%), Croacia (28,3%) y República Checa (27,6%) lideran la tabla. Son economías con un peso industrial y manufacturero relativamente alto, donde la inversión en capital fijo es estructuralmente mayor. Bélgica y Suecia completan los cinco primeros puestos.
Su PIB está muy concentrado en servicios financieros, fondos de inversión y filiales de multinacionales tecnológicas o farmacéuticas. El valor añadido proviene más de licencias, royalties y servicios que de inversión en activos físicos, lo que comprime mecánicamente la ratio.
Una inversión empresarial en mínimos de década compromete la productividad y la competitividad futuras del bloque frente a Estados Unidos y China. Sin renovación de capital, se ralentiza la incorporación de nueva tecnología y se debilita el crecimiento potencial a medio plazo.
