

A finales de 2025, el Banco de España publicó datos que dan cifras a algo que muchas familias ya notán en el día a día: la relación entre el precio de la vivienda y la renta bruta disponible se aproxima a los niveles de 2011, los peores desde la burbuja inmobiliaria. Una familia media necesita hoy más años de sueldo para comprar un piso que hace tres décadas.
El economista Franco Macchiavelli describe este cambio como el paso de una “economía de salarios” a una “economía de activos”. En la primera, trabajar era suficiente para acumular patrimonio. En la segunda, lo que marca la diferencia es ya tener activos: propiedades, acciones o bienes que se revalorizan por encima de los sueldos. El problema es que acceder a esos activos requiere capital previo, lo que cierra el círculo.
Las políticas de dinero barato aplicadas tras la crisis financiera de 2008 y durante la pandemia incentivaron la inversión en inmuebles, lo que elevó los precios más allá de lo que los sueldos podían seguir. A eso se suma una oferta de vivienda insuficiente en las ciudades con mayor demanda, agravada por la complejidad del entorno urbanístico español.
El resultado es un mercado que ensancha la brecha intergeneracional. Las generaciones que compraron en los años 60 y 70 se beneficiaron del aumento de valor de sus propiedades. Las que llegan ahora se encuentran un mercado ya inflado que les obliga, en muchos casos, a pagar alquileres que erosionan sus ingresos sin generar patrimonio. La situación de tensión entre propietarios e inquilinos que viven los tribunales españoles tiene, entre otras causas, este telón de fondo económico.
El informe “Demografía, vivienda y brechas de riqueza” cuantifica el impacto: la vivienda representa un gasto mensual considerable para muchos hogares, lo que amplia la brecha intergeneracional en términos de patrimonio. El estancamiento en productividad y el modelo económico basado en servicios de poco valor añadido hacen que los incrementos salariales sostenidos sean difíciles sin avivar la inflación. Los datos del contexto macroeconómico español apuntan a que esta tendencia no se corregirá sola sin políticas específicas de oferta y acceso.
A finales de 2025, el Banco de España publicó que la relación entre el precio de la vivienda y la renta bruta disponible se aproxima a los niveles de 2011, lo que implica que comprar una casa requiere más años de ingresos que hace tres décadas.
Es el modelo en el que el ascenso social depende de poseer activos (propiedades, acciones, inversiones) que crecen en valor, en lugar del sueldo. Quien no tiene activos de partida tiene muy difícil entrar en el ciclo de generación de patrimonio.
Porque los precios de los inmuebles han crecido mucho más rápido que los sueldos, especialmente tras los años de tipos de interés bajos y la escasez de vivienda en ciudades de alta demanda. Las generaciones anteriores compraron cuando los precios eran más bajos y se han beneficiado de la revalorización.
Pagar alquiler consume una parte importante de los ingresos sin generar patrimonio, mientras quienes ya tienen propiedad ven cómo su valor sube. Esto ensancha la diferencia entre quienes pueden heredar activos y quienes dependen solo de su salario.
