

La Dolce Fina ha inaugurado un nuevo local en la plaza de Chueca, número 4, en el corazón del barrio madrileño del mismo nombre. El establecimiento se suma a los cinco que la marca ya opera en Madrid, con presencia en Salamanca, La Latina, Malasaña, Chamberí, Moncloa y La Moraleja. La apertura se produce en paralelo a la puesta en marcha de un modelo de franquicia con el que la compañía quiere llevar su gelato artesanal a otras ciudades de España.
La cadena fue fundada en 2020 por los emprendedores Pili y Juan, inspirados en las técnicas artesanales de San Gimignano, en la Toscana italiana. Para garantizar la calidad del producto, la empresa trabaja con los maestros heladeros Sergio Dondoli y Sergio Colalucci, referentes del sector. El gelato se elabora con leche y nata fresca, frutos secos italianos y sin conservantes artificiales, lo que lo diferencia de los productos industriales presentes en el mercado.
Más allá del gelato, los locales de La Dolce Fina ofrecen café italiano Lavazza y una selección de pasteles y repostería de importación. El modelo combina la heladera artísanal con el café de especialidad, un binomio que lleva años funcionando en Italia y que ha encontrado aceptación entre el público madrileño. La apertura de Chueca llega en plena ola de calor estival, cuando la demanda de helados artesanales alcanza su pico en la capital.
La elección del barrio de Chueca no es casual. El distrito de Centro, donde se ubica la plaza, es uno de los más transitados de Madrid, con una alta concentración de turistas y residentes con poder adquisitivo medio-alto. El tejido cultural de Madrid, con iniciativas como Piano City o los mercados de barrio, ha convertido zonas como Chueca, Malasaña o La Latina en escaparates atractivos para propuestas gastronómicas de nicho.
El modelo de franquicia que ofrece La Dolce Fina requiere una inversión inicial a partir de 100.000 euros. La empresa describe el sistema operativo como sencillo y replicable, con el objetivo de que el franquiciado pueda poner en marcha el negocio sin experiencia previa en el sector heladero. La compañía proporciona formación, aprovisionamiento de ingredientes y supervisión de calidad.
La expansión mediante franquicias llega en un momento en que el sector hostelero español afronta presiones en los costes de suministro derivadas de la inestabilidad en los mercados internacionales de materias primas. La Dolce Fina apuesta por el segmento premium, donde el margen es mayor y la competencia con los productos de bajo coste, menor.
El gelato artesanal se elabora con ingredientes frescos, menos grasa y más leche que el helado industrial. No lleva conservantes artificiales y se prepara en pequeñas cantidades para garantizar la frescura. Tiene menos aire incorporado durante el batido, lo que le da una textura más densa y cremosa.
La cadena tiene locales en Salamanca, La Latina, Malasaña, Chamberí, Moncloa y La Moraleja, más el nuevo establecimiento en la plaza de Chueca, número 4.
La inversión inicial mínima es de 100.000 euros. La empresa incluye formación, suministro de ingredientes y soporte operativo. No se requiere experiencia previa en el sector heladero.
San Gimignano, en la Toscana italiana, es uno de los municipios con mayor tradición heladera de Italia. Sus maestros gelato trabajan con recetas transmitidas entre generaciones. La Dolce Fina colabora con dos de ellos, Sergio Dondoli y Sergio Colalucci, para mantener esas técnicas en los locales madrileños.
Los locales sirven café italiano Lavazza y una selección de pasteles y repostería italiana. El objetivo es que el cliente combine el gelato con una experiencia de café de calidad, siguiendo el modelo de las gelaterie italianas, donde el café y el helado van de la mano.
