

Una importante decisión judicial en Madrid ha puesto en el centro del debate la problemática del acoso inmobiliario y la especulación que enfrentan los vecinos en algunos barrios de la ciudad, especialmente en Lavapiés. El Juzgado de Instrucción número 17 de Madrid ha aceptado a trámite una querella presentada por doce residentes de un edificio en la calle Tribulete, quienes denuncian prácticas que podrían constituir un delito de acoso inmobiliario.
La denuncia, que ha sido admitida tras la revisión de las evidencias y testimonios, señala que la gestión del inmueble, a cargo de una sociedad vinculada a fondos de inversión y gestionada por empresas como Elix Servicios Inmobiliarios y Inmho Gestión de la Propiedad, llevó a cabo acciones destinadas a desalojar a los inquilinos. La magistrada María Isabel Garaizabal Ariza ordenó la apertura de diligencias para esclarecer los hechos y citó a los responsables a declarar en las próximas semanas.
Los afectados han relatado una serie de conductas que, según la denuncia, buscan apartarlos de sus viviendas por medio de técnicas de presión y desgaste psicológico. Entre estas prácticas se incluyen acoso ambiental, mediante obras constantes, ruidos en horarios nocturnos y presencia continua de operarios en las zonas comunes, además de un deterioro intencionado en elementos clave del edificio, como filtraciones, ascensores averiados y negligencias en el mantenimiento, con la finalidad de hacer la vivienda inhabitable y forzar su salida.
Asimismo, los vecinos han denunciado cortes reiterados de servicios básicos como agua y electricidad, así como llamadas, mensajes y reuniones donde se les ha insinuado que sería mejor buscar otra vivienda, o aceptar indemnizaciones bajas, para facilitar el proceso de vaciamiento del inmueble. La estrategia les ha generado un desgaste emocional importante, con el objetivo aparente de disminuir su resistencia a abandonar el edificio, una práctica que, según expertos, puede calificarse legalmente como hostigamiento o trato degradante.
El caso ha cobrado relevancia no solo por las circunstancias particulares de este edificio, sino porque podría sentar un precedente en la lucha contra los fondos buitre y grandes tenedores inmobiliarios en España. La querella destaca que estas entidades, muchas veces sin escrúpulos, llevan a cabo tácticas para expulsar a inquilinos vulnerables y convertir los inmuebles en activos más rentables.
La jueza ha dispuesto que en las próximas audiencias se presenten testimonios del portero y del arquitecto del edificio, además de solicitar a la Policía Municipal todos los informes realizados en los últimos meses sobre las condiciones del inmueble. La atención de las autoridades y organismos especializados será clave para determinar la gravedad de las acusaciones y las posibles sanciones.
Este episodio se enmarca en un contexto de movilización ciudadana contra la subida desmesurada de los precios de alquiler en Madrid, donde más de 21.000 personas se encuentran en riesgo de desahucio, en gran parte por la influencia de fondos de inversión que operan en el mercado inmobiliario. La comunidad vecinal espera que esta investigación sirva para visibilizar y erradicar prácticas abusivas que amenazan el derecho a la vivienda y la integridad física y emocional de sus residentes.
