

Investigadores de la Universidad Estatal de Ohio han identificado restos de hasta 54 tipos de virus diferentes en muestras de polvo tomadas en edificios cerrados, entre ellos el SARS-CoV-2, la gripe, el norovirus y el virus de Epstein-Barr (causante de la mononucleosis). El hallazgo sugiere que analizar el polvo acumulado en espacios interiores podría servir como herramienta de vigilancia epidemiológica a nivel de edificio.
El equipo, liderado por la profesora asociada Karen Dannemiller, recogió muestras de polvo en cerca de 30 lugares distintos, incluyendo centros educativos, oficinas y residencias universitarias. Para analizar los fragmentos virales utilizaron técnicas avanzadas de secuenciación genética que permiten detectar material genético viral aunque los virus ya no tengan capacidad infecciosa.
El rinovirus (el que provoca el resfriado común) fue el más frecuente: apareció en más del 85% de las muestras, con una presencia especialmente alta en guarderías y espacios con niños. El patrón de detección resultó coherente con lo que se sabe sobre la mayor circulación de virus respiratorios en entornos infantiles.
Dannemiller señala que el método tiene ventajas sobre la vigilancia de aguas residuales, que ya se usa para detectar brotes de COVID-19 u otras enfermedades. El polvo permite analizar espacios con menor volumen de población y obtener datos específicos de un edificio concreto, algo que el análisis de alcantarillado no puede ofrecer con esa granularidad de detalle.
Los restos virales hallados en el polvo no suponen un riesgo de infección: con el tiempo, los virus pierden su capacidad infecciosa y solo quedan fragmentos de material genético. La utilidad está en que esos fragmentos dejan constancia de qué virus han circulado en ese espacio, lo que permitiría a responsables de salud pública o gestores de edificios tomar decisiones preventivas antes de que un brote se consolide.
El estudio contó con financiación de la Fuerza Aérea de Estados Unidos y los Institutos Nacionales de Salud (NIH). Los investigadores trabajan ahora en estandarizar la técnica para que pueda aplicarse de forma rutinaria, aunque todavía no existe un protocolo consolidado para este tipo de muestreo en entornos no académicos.
La publicación coincide con un momento en que los sistemas de vigilancia epdemiológica están bajo revisión en varios países. En España, el Ministerio de Sanidad ha actualizado recientemente sus estrategias de distribución de recursos sanitarios entre comunidades autónomas, incluyendo nuevos protocolos para la detección temprana de brotes. Métodos como el análisis de polvo podrían integrarse en el futuro en esos sistemas de alerta.
El análisis de ambientes interiores como herramienta de salud pública conecta también con los riesgos documentados en los centros de trabajo. El impacto de las condiciones del entorno laboral en la salud, incluyendo la calidad del aire interior, es uno de los factores que estudios recientes identifican como desatendido en muchas empresas.
No. Los fragmentos virales hallados en el polvo han perdido su capacidad infecciosa. Son restos de material genético que sirven como indicadores de qué virus han circulado en ese espacio, no como fuente de infección activa.
Los investigadores de la Universidad Estatal de Ohio identificaron hasta 54 tipos de virus distintos en las muestras, incluyendo el SARS-CoV-2, la gripe, el norovirus y el virus de Epstein-Barr.
Permite analizar espacios concretos con poca población, como una oficina o un colegio, con un nivel de detalle que el análisis de alcantarillado no puede ofrecer. Identifica qué virus circulan en un edificio específico.
La investigación recibió fondos de la Fuerza Aérea de Estados Unidos y los Institutos Nacionales de Salud (NIH). El equipo lo dirige la profesora Karen Dannemiller de la Universidad Estatal de Ohio.
Todavía no existe un protocolo estándar para aplicarla fuera del ámbito académico. Los investigadores trabajan en estandarizar el método para que pueda usarse de forma rutinaria en el futuro.
