

Una serie de estudios europeos, coordinados por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), han aportado nuevos datos que permiten comprender mejor el impacto de la convivencia con mascotas en la salud mental infantil. Estos trabajos, que analizan cohortes en España y en otros nueve países del continente, proporcionan una visión más clara sobre cómo y en qué circunstancias la presencia de animales domésticos puede influir en el bienestar emocional y conductual de los niños.
Hoy en día, más de la mitad de la población mundial convive con alguna mascota, situación que genera interrogantes tanto en la comunidad científica como en las familias. La relación entre niños y animales ha sido objeto de estudio, pero todavía existen muchas incógnitas respecto a qué tipos de convivencia ofrecen beneficios reales y cuáles podrían representar riesgos para la salud mental infantil.
Los datos recopilados en los proyectos INMA y LifeCycle indican que un 52,3% de los niños en las cohortes analizadas había convivido o convivía actualmente con al menos una mascota. Dentro de este porcentaje, el 19,1% compartía su hogar con perros, el 8,7% con gatos, y una proporción significativa con aves, pequeños animales como hámsteres, conejos, tortugas o peces, llegando al 28,6%. La prevalencia de contacto con animales de compañía varía, pero lo que llamó la atención es cómo esa interacción puede modificarse en términos de impacto en la salud mental de los pequeños.
Los estudios revelan que los niños que nunca tuvieron contacto con mascotas presentaron los mejores indicadores en aspectos relacionados con la salud mental, mientras que la convivencia intermitente, especialmente con gatos, parece estar vinculada a una mayor vulnerabilidad a problemas emocionales o conductuales. La consistencia en el contacto con pequeños animales, como hámsteres o peces, en cambio, muestra un efecto protector, ayudando a reducir la aparición de dificultades psicosociales.
Este efecto protector se atribuye, en parte, a la posibilidad de que la interacción estable y regular con animales pequeños favorece el desarrollo de habilidades como la responsabilidad y el autocontrol. Sin embargo, no se identificaron beneficios claros en el caso de perros o aves, lo que sugiere que la calidad y la continuidad del vínculo, así como el tipo de animal, son factores que influyen decisivamente en los resultados.
Por ejemplo, las particularidades de los gatos —que tienden a ser animales más independientes— dificultan a veces la formación de vínculos estrechos con los niños, además de estar asociados a ciertos riesgos de salud, como la toxoplasmosis, que puede afectar el comportamiento y contribuir a alteraciones conductuales o trastornos mentales graves si no se manejan adecuadamente.
Otra dimensión importante radica en la naturaleza de la convivencia, que necesita ser estable y constante. La exposición esporádica o limitaciones en el contacto, por ejemplo, en familias que mantienen animales en situación ocasional, no parecen ofrecer los mismos beneficios. La cercanía sostenida con pequeños animales puede además promover el desarrollo de habilidades fundamentales en la infancia, como la responsabilidad y el autocontrol, aspectos cruciales para un buen desarrollo psicológico.
No obstante, los investigadores también advierten que sus estudios están centrados en los primeros años de vida, por lo cual aún falta profundizar en cómo evoluciona esa relación en la niñez mayor y qué efectos tiene a largo plazo. La necesidad de ampliar las investigaciones a diferentes grupos etarios y contextos es ahora una prioridad para entender mejor la influencia de las mascotas en la salud mental infantil a lo largo del tiempo.
A nivel práctico, estos hallazgos aportan una base sólida para que las familias tomen decisiones informadas respecto a la convivencia con animales en el hogar. La calidad del vínculo, la edad del niño, el estilo de crianza y las características del animal son elementos determinantes que deben considerarse cuidadosamente antes de introducir un nuevo compañero en la familia.
En definitiva, convivir con mascotas puede ser beneficioso, en especial cuando se establece una relación estable y adecuada a la edad del niño. Sin embargo, como en tantos ámbitos de la crianza, la información y la planificación son clave para sacar provecho de estos lazos afectivos, minimizando riesgos y potenciando beneficios en el desarrollo emocional y conductual de los niños.
