

En los últimos años, el panorama de la salud infantil en Estados Unidos ha experimentado un aumento alarmante en los gastos relacionados con problemas de comportamiento en los niños. Según un estudio reciente publicado en la revista JAMA Pediatrics, en 2022, los costes asociados a salud mental, consumo de sustancias y otros cuidados conductuales representaron aproximadamente el 40% de todos los gastos sanitarios en niños de 6 a 17 años, casi el doble de lo que se registraba en 2011.
Este incremento no solo refleja una mayor prevalencia de estos problemas, sino también una mayor inversión en atención y un cambio en la forma en que las familias afrontan estos desafíos. El análisis de los datos de 11 años muestra que el gasto total en salud conductual alcanzó los 41.800 millones de dólares en 2022. De esa cifra, las familias desembolsaron cerca de 2.900 millones, lo que significa que más de una cuarta parte del coste fue asumido directamente por ellas, en una situación que cada vez resulta más gravosa.
Los costos para las familias no solo aumentan, sino que lo hacen a un ritmo notable: el gasto de bolsillo en salud conductual creció en promedio un 6,4% anual, en comparación con el 2,7% de otros servicios médicos. La doctora Ashley Foster, especialista en urgencias pediátricas en los Hospitales Infantiles Benioff de la Universidad de California en San Francisco, explicó que “las familias están asumiendo costes crecientes y, en muchos casos, enfrentan dificultades económicas severas”.
Una de las conclusiones del estudio es que aquellas familias con al menos un niño con problemas conductuales tienen un 60% más de probabilidades de experimentar una carga financiera significativa y un 40% más de quedar en una situación de sobrecarga extrema, destinando más del 10% de sus ingresos a estos cuidados. Esto puede agravar aún más las desigualdades existentes, al poner en riesgo la estabilidad económica de muchas familias.
Los investigadores también señalaron algunas razones potenciales para estos cambios. La pandemia de COVID-19 parece haber tenido un impacto importante, incrementando la prevalencia de problemas conductuales. Además, los costos por cada visita médica han aumentado con el tiempo, y la mayor apertura social y comunitaria posibilidad de acceso a servicios especializados ha facilitado que más niños reciban atención. Sin embargo, también ha implicado un incremento en el uso de nuevas modalidades, como la telemedicina, que en 2022 vivió un aumento del 99% en el número de consultas.
El rol de la telemedicina en esta transformación parece ser central. Desde 2020, su utilización para los servicios de salud conductual infantil ha aumentado significativamente. La atención domiciliaria también creció en popularidad, con un incremento del 25% anual, mostrando una adaptación acelerada a los nuevos formatos de interacción médica.
Este escenario plantea desafíos importantes para el sistema de salud y para las familias, que cada vez deben afrontar mayores costos y buscar formas sostenibles de atender estas necesidades. Como afirma Foster, garantizar que la atención en salud mental sea accesible y asequible para todos, independientemente del seguro o la situación económica, es una prioridad que requiere atención urgente.
El aumento en la demanda y los gastos relacionados con la salud conductual infantil refleja no solo un problema sanitario, sino también un indicador de la necesidad de políticas públicas que fortalezcan la atención, prevengan dificultades y protejan a las familias más vulnerables frente a estos crecientes gastos. La atención temprana y la continuidad en estos cuidados parecen ser esenciales para reducir las dificultades a largo plazo y mejorar la calidad de vida de los niños afectados y sus familias.
