

El resfriado común, esa molesta infección que afecta a millones de personas cada año, continúa siendo un enemigo difícil de vencer. Aunque no existe una cura definitiva, la comunidad científica ha puesto su atención en un mineral que podría acortar su duración: el zinc. Este micronutriente, esencial para varias funciones del organismo, ha sido objeto de estudio para determinar qué papel puede jugar en la recuperación y qué límites debe respetarse para evitar efectos adversos.
Diversas investigaciones recientes sugieren que el zinc puede reducir entre uno y dos días la duración de un resfriado cuando se consume en el momento adecuado. La evidencia, basada en revisiones sistemáticas como la de la Biblioteca Cochrane, indica que, aunque no previene los episodios del resfriado ni disminuye su incidencia, sí puede ser útil para quienes ya presentan síntomas y desean una recuperación más rápida. Sin embargo, la certeza de estos beneficios todavía es limitada, ya que los resultados varían según la dosis, la forma de administración y las condiciones individuales.
Este interés se ha traducido en la venta libre de diversos productos que contienen zinc, desde pastillas y jarabes hasta sprays nasales. La popularidad de estos suplementos responde a la percepción de que podrían reducir la severidad o acortar la duración de los síntomas. La profesora Rebecca Andrews, de la Universidad de Connecticut, afirma que el zinc “puede acortar el resfriado uno o dos días, pero los síntomas pueden persistir”. Por su parte, expertos como Roy Gulick, jefe de la División de Enfermedades Infecciosas en Weill Cornell Medicine, explican que el zinc actúa obstaculizando que los rinovirus, los principales responsables del resfriado, infecten las células humanas.
A pesar de las noticias alentadoras, hay que extremar las precauciones. La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) advirtió en 2009 sobre los riesgos asociados con el uso de sprays nasales de zinc, que han sido vinculados incluso con pérdida del olfato. Además, el consumo excesivo de suplementos, que puede superar los 50 mg diarios, conlleva efectos secundarios como irritación nasal y oral, alteraciones del gusto, molestias estomacales, estreñimiento, diarrea y vómitos. La recomendación es tomar zinc solo cuando aparecen los síntomas y nunca como método preventivo, además de preferir dosis que no superen las 50 mg por día.
Los expertos también aconsejan que la ingesta diaria mediante la dieta provenga de alimentos ricos en zinc, como carnes, pescados y mariscos, especialmente las ostras, que aportan cantidades significativas para mantener una buena salud inmunológica. La recomendación general para adultos es de aproximadamente 8 mg diarios para las mujeres y 11 mg para los hombres, cantidades que se pueden alcanzar fácilmente con una alimentación equilibrada.
Es importante destacar que, si bien el zinc puede ser una ayuda para una recuperación más rápida en caso de presentar síntomas, no reemplaza otras medidas esenciales, como mantenerse bien hidratado, dormir lo suficiente y mantener una dieta variada y saludable. Además, ante cualquier intención de suplementarse, siempre debe consultarse a un profesional de la salud, especialmente considerando las posibles interacciones con ciertos medicamentos y el riesgo de efectos adversos si se supera la dosis recomendada.
En conclusión, aunque el zinc ofrece cierta promesa para disminuir la duración del resfriado y aliviar, en cierta medida, los síntomas, su uso debe ser responsable y condicionado a recomendaciones médicas. La mejor estrategia continúa siendo fortalecer el sistema inmunológico a través de una dieta adecuada, hábitos saludables y una buena hidratación, en un esfuerzo conjunto por reducir el impacto de esa infección tan frecuente y, a veces, tan molesta.
