

El Dr. Jorge Soto, dermátolo de la Policínica Gipuzkoa, avisa: con la llegada del verano y las temperaturas al alza, la protección solar deja de ser una cuestión estética para convertirse en una medida de salud pública. Las quemaduras solares no tratadas elevan el riesgo de melanoma y carcinoma epidermoide, dos de las formas más graves de cáncer de piel.
Según Soto, la intensidad de la radiación solar que cada persona puede tolerar depende de su fototípo. Por eso el tiempo de exposición sin protección varía y no puede tratarse con una regla única. Adaptar el rato al sol a cada tipo de piel y aplicar fotoprotector de forma regular son, en su opinión, los dos hábitos más importantes del verano.
En una ola de calor como la actual, que ha llevado a muchos madrileños a buscar refugios frescos en espacios como Matadero o CentroCentro durante julio, el riesgo solar se acumula incluso cuando no se está en la playa. La exposición pasiva, en terrazas, desplazamientos o en interiores con luz directa, también cuenta.
El dermátolo subraya que el deterioro de la piel no se queda en lo visible. La piel envejecida y seca puede liberar agentes inflamatorios que afectan a órganos internos, incluidos huesos y cerebro. En el caso de los huesos, la producción reducida de proteínas óseas eleva el riesgo de osteoporosis con el tiempo. Estudios recientes apuntan también a una posible relación entre el mal estado de la piel y el deterioro cognitivo, aunque Soto reconoce que esta línea de investigación está aún en desarrollo.
La hidratación de la piel, según el experto, puede ayudar a reducir esos procesos inflamatorios, lo que resulta especialmente relevante en personas mayores. El calor extremo ya ha puesto a prueba las condiciones de habitabilidad en viviendas de alquiler durante la ola de calor, y el efecto acumulado de la exposición térmica sin medidas correctoras afecta especialmente a mayores y personas con piel sensible.
Soto recuerda que el sol no es el único enemigo de la piel. La contaminación ambiental, el estrés y el aislamiento social también activan respuestas inflamatorias que aceleran su deterioro. Los hábitos que propone para compensarlos son sencillos: protección solar diaria, buena hidratación, ejercicio regular, dieta equilibrada, sueño suficiente, vida social activa y ausencia de tabaco y alcohol en exceso.
«La aplicación continuada de estos hábitos supone más del 90% de lo necesario para una vida sana y una longevidad con calidad», concluye el especialista.
Las quemaduras solares repetidas sin protección dañan el ADN de las células de la piel y elevan el riesgo de desarrollar melanoma y carcinoma epidermoide, las formas más graves de cáncer cutáneo.
La investigación actual apunta a que la piel deteriorada libera moléculas inflamatorias que pueden llegar al torrente sanguíneo y afectar a órganos como el cerebro. La hidratación cutánea ayudaría a reducir esa respuesta inflamatoria.
No. La exposición solar acumulada en desplazamientos, terrazas o interior con luz directa también daña la piel. El Dr. Soto recomienda el uso diario de fotoprotector, independientemente de la actividad.
Además del sol, la contaminación ambiental, el estrés crónico y el aislamiento social disparan las respuestas inflamatorias que deterioran la piel. El tabaco y el alcohol en exceso también contribuyen al daño cutáneo.
Protección solar diaria, hidratación adecuada, ejercicio regular, dieta equilibrada, sueño suficiente, vida social activa y evitar el tabaco y el alcohol en exceso. El Dr. Soto estima que estos hábitos cubren más del 90% de lo necesario para mantener la salud cutánea y general.
