
La Casa Blanca ha resuelto uno de los episodios recientes de inestabilidad diplomática con Brasil, al anunciar este viernes la retirada de las sanciones impuestas al juez del Tribunal Supremo, Alexandre de Moraes. La decisión marca un cambio significativo en la política de Estados Unidos hacia Brasil, cinco meses después de que el entonces presidente Donald Trump penalizara al magistrado, señalándolo por orquestar una «caza de brujas» contra el expresidente Jair Bolsonaro, quien fue encarcelado por cargos relacionados con golpismo. El Departamento del Tesoro emitió un escueto comunicado retirando a Moraes, su esposa y la empresa Lex de la lista de sancionados bajo la ley Magnitsky, pero no ofreció detalles sobre los motivos detrás de la decisión.
El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, ha expresado su satisfacción con el fin de las sanciones y ha destacado su propia intervención en conversaciones con Trump. Este alivio también se refleja en el ámbito económico, donde los bancos brasileños han visto un repunte en la bolsa, al eliminarse la amenaza de sanciones adicionales por vínculos con Moraes. La eliminación de tarifas arancelarias a productos brasileños por parte de Trump, motivada por discretas negociaciones, representa otro triunfo para Lula, aunque las motivaciones completas de EE.UU. podrían incluir intereses económicos, como el acceso a tierras raras en Brasil. Mientras tanto, la extrema derecha brasileña, especialmente Eduardo Bolsonaro, hijo del expresidente, ve fracasada su estrategia para influir desde Estados Unidos, culpando a la falta de apoyo interno por no lograr salvar a su padre del proceso judicial que culminó en una sentencia de más de 27 años de prisión.
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