Arabia Saudí ha denunciado ataques dirigidos a dos refinerías en Riad, lo que ha incrementado la tensión en la región y llevado al país a considerar acciones militares contra Irán. Durante una reunión de cancilleres de países árabes y musulmanes en la capital saudí, el canciller Faisal bin Farhan Al Saud expresó su preocupación por la coincidencia de estos ataques con la presencia de diplomáticos en la ciudad, sugiriendo que Irán demuestra una falta de interés por la diplomacia al optar por la presión militar. Al Saud destacó que Arabia Saudí no cederá ante esta presión y se reserva el derecho de actuar en defensa de su soberanía.
En respuesta, la Guardia Revolucionaria iraní ha amenazado con continuar atacando la infraestructura energética de los aliados de Estados Unidos en el golfo Pérsico, afirmando que sus instalaciones se han convertido en «blancos legítimos». Esta advertencia se produce tras un ataque a la refinería de Ras Laffan en Catar, en represalia por un bombardeo previo contra las instalaciones de gas de Pars Sur en Irán. La situación indica un aumento en las hostilidades y una escalada del conflicto, donde ambos países se preparan para una posible confrontación militar en medio de un clima de incertidumbre geopolítica.
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