
Sami Ben Gharbia, un influyente activista tunecino, ha sido siempre una voz firme en defensa de los derechos humanos y la libertad de expresión. Con una perspectiva que trasciende lo político, Gharbia plantea que la libertad de expresión es una esencia intrínseca de la humanidad. Inspirado por filósofos árabes que definen al ser humano como un «animal que habla», destaca que hablar es, en su núcleo, un acto de pensamiento.
Criado bajo un régimen opresor en Túnez donde el acceso a libros controvertidos era restringido, Gharbia experimentó de primera mano la limitación del acceso a la información, una situación que despertó en él una profunda conciencia sobre la importancia vital de la expresión libre. Aprendiendo árabe, francés, inglés y farsi, concibe el aprendizaje de idiomas como una ventana hacia la comprensión intercultural y la aceptación de la diversidad.
Su activismo lo llevó a cofundar Nawaat, un colectivo de medios destinado a dar voz a los tunecinos exiliados. Nawaat jugó un papel crucial durante la Revolución de Jazmín en 2011, difundiéndose en línea información crítica sobre violaciones de derechos humanos y desmantelando la narrativa oficial del gobierno de Ben Ali. Aunque Internet fue una herramienta poderosa, Gharbia enfatiza que quienes generaron el cambio fueron las personas manifestándose en las calles.
Además, Gharbia ha trabajado con Global Voices Advocacy, conectando con activistas globales y promoviendo redes entre tecnólogos y activistas para fortalecer la defensa de los derechos humanos. Sin embargo, recientemente, Nawaat se ha visto obligado a cesar sus actividades tras una orden del gobierno tunecino, lo que generó una ola de apoyo internacional. «Estamos preparados para lo peor», asegura Gharbia, decidido a continuar su labor incluso si esto significa retomar un modelo de exilio.
Gharbia también rinde homenaje a figuras inspiradoras como Julian Assange, a quien considera un héroe del periodismo de transparencia. El activista subraya que el legado de Assange es un estímulo para desafiar la opacidad del poder, reafirmando la imprescindible lucha por la libertad de expresión en la búsqueda de la verdad y la justicia.
