

El gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, ha respondido este miércoles a las acusaciones llegadas desde Estados Unidos que lo vinculan con la facción del Cártel de Sinaloa conocida como Los Chapitos. Abordado por varios periodistas mientras subía a su vehículo en Culiacán, Rocha ha repetido que está «tranquilo» y ha asegurado que la presidenta Claudia Sheinbaum lo ha llamado para respaldarlo. «No va a pasar nada», ha afirmado.
El peso de la respuesta del gobernador no está en lo que él mismo ha dicho, sino en la llamada de la presidenta. Sheinbaum y Rocha pertenecen al mismo proyecto político, Morena, así que el aval no sorprende; lo llamativo es la velocidad con la que el Ejecutivo federal ha cerrado filas alrededor de un dirigente estatal señalado por Washington.
Rocha ha trasladado a la prensa que la conversación con Sheinbaum fue breve y que la presidenta le repitió que no habrá consecuencias. La frase, lejos de cerrar el asunto, ha tenido lectura doble: mensaje de calma hacia el aparato del partido en Sinaloa y, a la vez, señal hacia el resto del gabinete federal de que no se va a abrir un frente interno.
La presión sobre Rocha llega de la mano de varios informes y declaraciones procedentes de agencias federales estadounidenses, que sitúan al gobernador en la órbita de Los Chapitos, los hijos de Joaquín Guzmán Loera, «El Chapo». El Departamento del Tesoro y la fiscalía estadounidense llevan meses ampliando el círculo de personas señaladas en torno al cártel, en un esfuerzo que Washington vincula con la lucha contra el tráfico de fentanilo hacia el norte.
El gobernador no ha entrado a rebatir punto por punto los señalamientos. Su discurso ante los micrófonos se ha resumido en una palabra repetida varias veces, «tranquilo», y en la idea de que la situación no escalará. La defensa pública del expediente, por ahora, la lleva la presidencia de la República, no el propio Rocha.
Las palabras del gobernador se producen en un momento incómodo para el estado. Sinaloa lleva meses con un repunte de violencia ligado al choque entre Los Chapitos y la facción de Ismael «El Mayo» Zambada, especialmente intenso desde la captura de este último en Estados Unidos en julio de 2024. Culiacán, capital del estado, ha vivido protestas y un desgaste político notable de la administración estatal, además de bloqueos de vías y ataques con drones contra zonas rurales.
El propio entorno familiar del gobernador se ha visto salpicado por episodios de inseguridad: a finales del año pasado, su nieta resultó ilesa tras un intento de robo en Culiacán, un caso que reabrió el debate sobre el alcance de la violencia en la capital sinaloense. La administración federal, por su parte, ha reforzado en los últimos meses el discurso de que la responsabilidad del repunte recae sobre Los Chapitos, una línea que coincide con la actual ofensiva diplomática de Washington.
Rocha sigue al frente del Ejecutivo estatal sin que ni la presidencia ni Morena hayan abierto la puerta a una salida. La consigna desde el palacio de gobierno es no entrar al detalle, apoyarse en la versión federal y esperar al siguiente movimiento de Estados Unidos, que podría ir desde sanciones individuales del Tesoro hasta una eventual petición de información por la vía judicial.
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