
A partir del 1 de enero, una nueva normativa en California exige que todas las propiedades alquiladas incluyan una nevera, poniendo fin a un problema de larga data en un mercado de alquiler ya complicado. Aunque pueda parecer sorprendente en la quinta economía del mundo, muchas viviendas en ciudades costeras del estado, como San Francisco y Los Ángeles, se ofrecían sin un refrigerador en un contexto donde la mayoría de la leche se consume fresca, lo que hacía esencial contar con un espacio para almacenar alimentos adecuadamente. Con el alquiler promedio de un apartamento rondando los 2.700 dólares mensuales, y los alquileres de viviendas de cuatro habitaciones alcanzando cifras cercanas a los 5.000 dólares, los inquilinos debían desembolsar significativas sumas adicionales para amueblar sus nuevos hogares, haciendo de lo que debería ser una necesidad básica un lujo inasequible.
Tina McKinnor, asambleísta demócrata de California, ha sido la impulsora detrás de la ley AB 628, abogando por condiciones de vida más adecuadas y seguras para los arrendatarios en un estado donde el 44% de la población vive de alquiler, cobrando mayor relevancia al considerar que un millón de estos se encuentran en morosidad con sus pagos. Además de esta medida, McKinnor ha promovido legislación para proteger a las familias afectadas por los incendios forestales de California frente a los especuladores inmobiliarios y para asegurar el derecho de los trabajadores a organizarse sindicalmente. Con una proporción considerable de inquilinos pertenecientes a grupos minoritarios y carentes de acceso a la propiedad, estas iniciativas buscan proveer una mayor dignidad y justicia en el costoso mercado inmobiliario californiano.
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