

Los adolescentes de los países desarrollados están obteniendo peores resultados académicos que hace una década. Los últimos datos de PISA muestran una caída especialmente fuerte en lectura y matemáticas: entre 2015 y 2025, la media de la OCDE ha perdido 28 puntos en lectura y 22 en matemáticas. España participa del retroceso y obtiene 451 puntos en lectura. Lo más difícil de explicar es por qué está ocurriendo: pandemia, móviles, menos lectura, cambios educativos, inmigración e incluso inteligencia artificial aparecen entre las hipótesis, pero ninguna explica por sí sola el deterioro.
Las claves de la caída de resultados de PISA en 30 segundos
El problema afecta a casi todos. Las notas de matemáticas y lectura han descendido en 37 de los 38 países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) comparables durante este periodo.
Es un fenómeno suficientemente extendido como para que resulte difícil atribuirlo exclusivamente a una reforma educativa nacional, a un gobierno concreto o a las características particulares de un país.
El periodista y analista de datos Kiko Llaneras ha puesto el foco sobre esta incertidumbre a raíz de los nuevos resultados. En un análisis publicado en EL PAÍS, repasa algunas de las explicaciones que aparecen habitualmente en el debate público y llega a una cuestión menos cómoda: sabemos que los resultados están empeorando, pero todavía no sabemos cuánto contribuye cada posible causa.
PISA permite comparar el rendimiento de alumnos de 15 años de diferentes países y analizar multitud de variables sobre su entorno. Pero encontrar una relación estadística entre dos fenómenos no significa demostrar que uno provoque el otro.
PISA 2025 evaluó a unos 760.000 estudiantes de 15 años pertenecientes a 91 países y economías. En esta edición, ciencias fue la materia principal, aunque los alumnos también realizaron pruebas de matemáticas y lectura.
La evolución de la última década deja cifras preocupantes.
| Media de la OCDE | 2015 | 2025 | Diferencia |
|---|---|---|---|
| Lectura | 489 | 461 | -28 |
| Matemáticas | 485 | 463 | -22 |
| Ciencias | 489 | 482 | -7 |
España obtiene en 2025 451 puntos en lectura y 457 en matemáticas, por debajo de las respectivas medias de la OCDE.
El deterioro no afecta solamente a la puntuación media. También ha aumentado el porcentaje de estudiantes que no alcanza los niveles básicos de competencia.
Desde 2015, la proporción de alumnos españoles por debajo del nivel mínimo establecido por PISA ha aumentado 15 puntos porcentuales en lectura, 11 en matemáticas y seis en ciencias.
En lectura, el 68 % de los estudiantes españoles alcanza al menos el nivel 2, considerado por PISA una referencia básica para desenvolverse ante diferentes textos. La media de la OCDE es del 69 %.
Más preocupante resulta la parte superior de la distribución. Solo alrededor del 2 % de los alumnos españoles alcanza los niveles 5 o 6 en lectura, frente al 6 % de media de la OCDE.
El debate, por tanto, no consiste únicamente en saber si España ocupa un puesto mejor o peor en una clasificación internacional. La cuestión es que una parte creciente de los adolescentes muestra dificultades con competencias que necesitará posteriormente para estudiar, trabajar y desenvolverse entre cantidades cada vez mayores de información.
El cierre de colegios durante la COVID-19 parece una explicación evidente.
Durante la pandemia millones de estudiantes tuvieron que sustituir temporalmente las clases presenciales por educación a distancia, con enormes diferencias entre hogares dependiendo de sus recursos, conexión a Internet y posibilidades de acompañamiento familiar.
Existen estudios que han documentado pérdidas de aprendizaje relacionadas con aquella interrupción.
El problema es que las notas ya estaban bajando antes de 2020.
La OCDE señala que el deterioro de algunas competencias, especialmente la lectura, comenzó antes de la pandemia en numerosos países.
La COVID-19 pudo empeorar una tendencia existente, pero no puede explicar por sí sola un proceso que había empezado años antes.
Algo parecido ocurre con la inmigración, otro argumento frecuente en el debate educativo.
En España, los estudiantes de origen migrante representan una parte creciente del alumnado y sus resultados medios son inferiores. Pero los estudiantes nativos también han perdido puntuación.
La OCDE ha analizado además el efecto de los cambios demográficos sobre el conjunto de los países. Entre 2018 y 2025 aumentó la proporción de alumnos de origen migrante, pero el cambio de composición explicaría solamente una pequeña parte del descenso general en lectura.
Hay que buscar más causas.
La transformación más visible en la vida cotidiana de los adolescentes durante la última década probablemente esté dentro de sus bolsillos.
Smartphones, TikTok, Instagram, YouTube y otras plataformas compiten diariamente por su atención. El vídeo corto y el desplazamiento continuo por contenidos han cambiado además la forma en que una parte de los jóvenes consume información.
Resulta tentador relacionar directamente esa transformación con el descenso de la comprensión lectora.
PISA encuentra algunas asociaciones que justifican investigar esa posibilidad.
En España, el 29 % de los alumnos afirma que sus compañeros se distraen con dispositivos digitales durante la mayoría o todas las clases de ciencias. La media de la OCDE es muy similar, del 28 %.
Los estudiantes españoles que declaran ese nivel de distracción obtienen 16 puntos menos en ciencias, incluso después de tener en cuenta determinadas diferencias socioeconómicas.
Pero hay que ser cuidadosos con la interpretación.
PISA no demuestra que mirar el móvil provoque exactamente una pérdida de 16 puntos. Los centros con mayores problemas de disciplina pueden tener también más uso inadecuado de dispositivos, por ejemplo.
España ha reaccionado además con bastante intensidad al problema.
Según PISA, el 86 % de los estudiantes españoles estudia ya en centros donde el uso del teléfono está prohibido, frente al 49 % de media de la OCDE. En 2022 el porcentaje español era del 67 %.
Habrá que esperar para comprobar si esa política termina reflejándose en los resultados académicos.
Otra hipótesis resulta menos visible que los teléfonos, pero puede ser igual de importante: simplemente se estaría leyendo menos o de manera diferente.
Los hábitos lectores de los adolescentes han cambiado durante las últimas décadas.
Un dato estadounidense permite observar la magnitud del cambio a largo plazo. Según las evaluaciones NAEP, el porcentaje de estudiantes de 13 años que decía leer por diversión casi todos los días cayó del 35 % en 1984 al 14 % en 2023.
PISA encuentra ahora otra señal.
La OCDE ha analizado cómo se comportan los estudiantes mientras responden las preguntas y observa un aumento de los alumnos que contestan rápidamente pero cometen errores.
Entre 2018 y 2025, los estudiantes clasificados como lectores rápidos y poco precisos pasaron aproximadamente del 7 % al 11 %.
Además, el rendimiento empeora conforme avanza la prueba.
El patrón podría estar relacionado con problemas de atención, perseverancia ante textos difíciles o menor confianza, aunque PISA tampoco permite determinar cuál de estas explicaciones pesa más.
La preocupación es especialmente relevante porque comprender un texto largo exige algo diferente a entender una publicación de unas pocas líneas.
Hay que mantener información en mente, relacionar párrafos, distinguir argumentos, interpretar matices y separar hechos de opiniones.
Son precisamente capacidades que resultan cada vez más necesarias en Internet, donde cualquier persona recibe diariamente cantidades enormes de información de calidad muy desigual.
PISA 2025 introduce otra novedad: la inteligencia artificial generativa ya forma parte de la vida académica de millones de adolescentes.
España destaca por su adopción.
El 54 % de los alumnos españoles afirma utilizar chatbots de IA al menos una vez por semana para ayudarle a aprender, frente al 46 % de media de la OCDE.
Un 42 % los utiliza para realizar investigaciones preliminares, un 40 % para resumir textos y un 33 % para redactar trabajos.
| Uso educativo de chatbots de IA | España | OCDE |
|---|---|---|
| Ayudar a aprender semanalmente | 54 % | 46 % |
| Investigar | 42 % | 31 % |
| Resumir textos | 40 % | 30 % |
| Redactar trabajos | 33 % | 29 % |
La OCDE encuentra relaciones entre algunos usos frecuentes de estas herramientas y peores resultados académicos.
Eso no demuestra que la IA sea la responsable.
Puede ocurrir que los alumnos con más dificultades recurran con mayor frecuencia a ella. También existe una enorme diferencia entre pedir a un chatbot que haga un ejercicio completo y utilizarlo para explicar por qué una respuesta es incorrecta.
La propia OCDE encuentra indicios de que los estudiantes que reciben formación para evaluar críticamente la información generada por IA pueden utilizarla de manera más productiva.
Hay además una cuestión temporal imposible de ignorar.
ChatGPT apareció públicamente a finales de 2022 y el uso masivo de IA generativa es todavía más reciente. No puede explicar una caída educativa que comenzó muchos años antes.
Sí puede convertirse en un factor importante para los próximos PISA.
No todos los sistemas educativos han evolucionado igual.
Inglaterra está llamando especialmente la atención porque sus resultados han resistido mejor que los de muchos países europeos. El contraste con Escocia y Gales ha abierto un debate sobre las diferentes políticas educativas adoptadas durante los últimos años.
Inglaterra ha mantenido un currículo más estructurado y con un peso considerable del conocimiento de las materias. Gales y Escocia han introducido reformas diferentes y con mayor presencia de competencias y planteamientos transversales.
Algunos analistas consideran que esa divergencia puede explicar parte de la diferencia de resultados.
Es una hipótesis interesante, pero tampoco una demostración.
Aunque los tres territorios pertenecen al Reino Unido, existen diferencias sociales, económicas, demográficas y educativas que impiden tratar la comparación como un experimento de laboratorio.
Sí hay una pregunta razonable que debería investigarse: ¿qué están haciendo los países y regiones que han conseguido resistir mejor el descenso?
La respuesta podría resultar más útil que limitarse a buscar responsables del fracaso.
Hay otra transformación en la vida adolescente que recibe menos atención.
El sueño.
Según datos de la encuesta ESTUDES del Ministerio de Sanidad citados en el análisis de Llaneras, la proporción de adolescentes españoles que duerme más de ocho horas ha descendido con fuerza durante los últimos años.
Dormir poco se relaciona con problemas de concentración, memoria, bienestar y rendimiento académico.
El teléfono vuelve a aparecer aquí como posible factor, porque el uso nocturno de pantallas puede retrasar la hora de acostarse, pero tampoco sería el único. Horarios, actividades, vida social, carga académica y características familiares pueden influir.
El sueño ilustra bien la dificultad de encontrar una explicación única.
Los diferentes factores pueden estar relacionados entre sí.
Un adolescente puede dormir menos porque utiliza más el móvil, leer menos porque consume más vídeo corto, recurrir a una IA para terminar antes los deberes y llegar a clase con menos capacidad de concentración.
Separar estadísticamente cuánto aporta cada elemento es complicado.
Los datos permiten descartar algunas explicaciones demasiado sencillas.
La pandemia no puede ser la única causa porque el descenso empezó antes. La inmigración modifica las medias, pero tampoco explica la magnitud del retroceso. La inteligencia artificial llegó demasiado tarde. Los teléfonos coinciden temporalmente mucho mejor con el deterioro, pero las evidencias disponibles todavía no permiten atribuirles todo el efecto.
También puede haber cambios en los métodos educativos, en la disciplina, en las familias, en la forma de estudiar y en la relación de los adolescentes con la lectura.
Probablemente varias cosas estén ocurriendo al mismo tiempo.
| Posible causa | Qué permiten decir los datos |
|---|---|
| Pandemia | Perjudicó al aprendizaje, pero el descenso empezó antes |
| Inmigración | Puede afectar a las medias, pero explica una parte pequeña |
| Móviles | Se relacionan con distracciones, pero falta demostrar cuánto explican |
| Redes sociales | Hay indicios preocupantes, no una cifra causal |
| Menos lectura | Los hábitos lectores se han deteriorado |
| Menos sueño | Puede afectar al aprendizaje y la atención |
| Inteligencia artificial | Ya influye en cómo se estudia, pero es demasiado reciente |
| Métodos educativos | Las diferencias entre países ofrecen pistas que deben evaluarse |
Esta incertidumbre no reduce la gravedad del problema. Hace más urgente comprenderlo.
PISA es una fotografía muy amplia de estudiantes de 15 años. Permite saber cómo están, comparar países y descubrir asociaciones, pero tiene muchas más dificultades para explicar cómo llegaron hasta allí.
La respuesta probablemente tendrá que buscarse también dentro de las aulas y a lo largo del tiempo: evaluando métodos educativos, siguiendo cohortes de estudiantes, midiendo hábitos digitales, estudiando qué ocurre cuando se restringen los móviles y analizando cómo cambia el aprendizaje cuando los alumnos empiezan a utilizar inteligencia artificial.
Mientras esas respuestas llegan, PISA 2025 deja un dato difícil de discutir: los adolescentes de buena parte de los países desarrollados leen y resuelven problemas matemáticos peor que los alumnos de su misma edad hace una década.
Encontrar la causa es importante porque de ella depende la solución. Prohibir teléfonos servirá de poco si el problema principal está en otra parte. Cambiar el currículo tampoco resolverá el deterioro si el origen está fundamentalmente fuera del aula.
Los datos invitan, por tanto, a evitar una conclusión cómoda: que cada cual utilice PISA para confirmar lo que ya pensaba sobre educación.
