

El Ayuntamiento de Madrid ha firmado su entrada en Breathe Cities, una red internacional de ciudades que trabaja para mejorar la calidad del aire y rebajar las emisiones que aceleran el calentamiento urbano. La adhesión llega tras la reunión entre el alcalde madrileño, José Luis Martínez-Almeida, y el de Londres, Sadiq Khan, en la que ambas capitales han pactado un marco de cooperación frente al cambio climático.
El programa pone a disposición de las ciudades adheridas datos y herramientas compartidas para reducir la presencia de contaminantes como el dióxido de nitrógeno (NO₂) y las partículas finas (PM2,5 y PM10). El objetivo es cuadrar las políticas locales con normativas cada vez más estrictas, tanto las europeas como las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, que en los últimos años ha rebajado los umbrales considerados seguros.
Madrid se incorpora así a una lista de capitales que ya forman parte de la iniciativa y que comparten medidas, errores y resultados. La idea es evitar que cada ciudad parta de cero y aprovechar lo aprendido en otras urbes con problemas parecidos de tráfico, densidad y picos de contaminación.
La reunión entre Almeida y Khan ha servido para sellar un canal directo de trabajo entre los dos consistorios. Según ha trasladado el alcalde de Madrid, la cooperación con la capital británica permitirá compartir conocimiento técnico y adoptar medidas que ya hayan funcionado al otro lado del Canal. «Las grandes ciudades tienen que liderar con el ejemplo en la lucha contra la contaminación y el calentamiento global», ha afirmado Martínez-Almeida.
Por su parte, Khan ha subrayado que el reto ambiental no entiende de fronteras y que la única vía realista es el trabajo conjunto entre ciudades. «Madrid y Londres están demostrando que la acción climática no se queda en el discurso», ha señalado el regidor londinense, que ha defendido los avances de su zona de bajas emisiones (ULEZ) como uno de los referentes que ahora se podrán contrastar con la experiencia madrileña.
De la adhesión no se desprenden por ahora obligaciones concretas, pero sí un compromiso de seguimiento y de presentación periódica de resultados. La participación en Breathe Cities encajará con el plan de calidad del aire que el Ayuntamiento ya tiene en marcha y con las restricciones de Madrid 360 a vehículos contaminantes, además de impulsar pruebas piloto en barrios con peores registros.
El consistorio espera que la entrada en la red atraiga también colaboraciones con empresas tecnológicas vinculadas a la transición energética, sobre todo en sensores ambientales, electrificación de flotas y rehabilitación energética de edificios. En esa línea, varios proyectos urbanos en marcha en municipios del entorno, como las obras de movilidad y saneamiento en Alcalá de Henares, apuntan en la misma dirección de redibujar el espacio público pensando en peatones y en menos tráfico rodado.
Madrid lleva años bajo presión de Bruselas por superar los límites legales de NO₂, especialmente en las arterias del centro y la M-30. Reducir esos niveles tiene un efecto directo en la salud, sobre todo en personas con asma, problemas cardiovasculares y población infantil. El programa internacional añade un escrutinio externo a las cifras que publica el propio Ayuntamiento y obliga a presentar avances medibles en plazos definidos.
El movimiento se enmarca en una tendencia más amplia de capitales europeas con apuestas parecidas, como Londres con su ULEZ, París con la peatonalización del centro y Berlín con sus zonas de bajas emisiones. La cooperación con otras instituciones madrileñas, como la Fundación Madri+d y su espacio de innovación CITT, puede servir de cauce para incorporar al sector tecnológico local en proyectos de monitorización y de eficiencia energética.
Es una iniciativa internacional que ayuda a ciudades de todo el mundo a mejorar la calidad del aire y rebajar las emisiones de gases de efecto invernadero, compartiendo datos, herramientas y políticas que ya han funcionado en otros lugares.
Implica entrar en una red con seguimiento periódico, compartir información con otras ciudades y comprometerse a presentar avances medibles en reducción de contaminación y emisiones. No conlleva obligaciones legales nuevas, pero sí un compromiso público.
El encuentro entre Almeida y Khan abre un canal de cooperación directa entre ambos consistorios para compartir aprendizajes, sobre todo la experiencia londinense con su zona de bajas emisiones ULEZ.
Breathe Cities encaja con el plan municipal Madrid 360, que regula el acceso de vehículos contaminantes al centro y a la almendra dentro de la M-30. La adhesión refuerza ese marco con seguimiento internacional.
No. La adhesión es de carácter estratégico y no introduce, por sí misma, nuevas limitaciones de tráfico. Las restricciones siguen siendo las que ya marca Madrid 360.
