

En el contexto laboral de España, el sector de la limpieza profesional emplea a más de medio millón de personas y representa aproximadamente un 1,05% del Producto Interno Bruto, según estimaciones de las patronales del sector. Sin embargo, los datos oficiales revelan que solo 378.000 empleadas del hogar están afiliadas a la Seguridad Social, una cifra que organizaciones y expertas consideran muy por debajo de la realidad, debido a un alto porcentaje de empleo en la clandestinidad, estimado en un 30-40%. A pesar de los esfuerzos del gobierno y distintas instituciones para regular y dignificar estas profesiones, la precariedad laboral sigue siendo una constante.
Uno de los principales trastornos que enfrentan estas trabajadoras son los salarios bajos, que en promedio rondan los 1.000 euros mensuales, muy por debajo de la media nacional. La falta de un salario digno se ve agravada por la ausencia de contratos estables, la irregularidad en las jornadas y la tendencia a trabajar en la informalidad, que limita el acceso a derechos laborales, seguros sociales y prestaciones básicas. La flexibilidad que, en principio, puede considerarse una ventaja, termina por convertirse en una trampa. Muchas trabajadoras enfrentan cancelaciones de última hora sin remuneración alguna y condiciones laborales precarias que no garantizan estabilidad ni protección.
En este escenario, las historias de quienes desempeñan estas tareas muestran el lado humano y emocional de la realidad. Cristina Simón dejó su puesto fijo como administrativa tras ser madre y decidió dedicarse a la limpieza profesional para conciliar mejor su vida familiar. Con un espíritu emprendedor, inició limpiando con productos de supermercado y, con esfuerzo y profesionalización, ahora realiza trabajos especializados en limpiezas extremas, como las de síndrome de Diógenes, además de compartir su experiencia en redes sociales bajo el alias «La Fregona de Cris». Su caso refleja una elección consciente, no solo un refugio ante la falta de oportunidades laborales.
Por otro lado, Sophie New encontró en la limpieza una vía para facilitar su conciliación tras la llegada de su hijo. Lo que empezó como una actividad flexible y a tiempo parcial, se transformó en un compromiso social. New realiza limpiezas solidarias para personas mayores o con problemas de salud mental, valiéndose de su trabajo para ofrecer acompañamiento y apoyo emocional, transformando su labor en un acto de empatía. La motivación de estas mujeres va más allá de la simple remuneración y evidencia la dimensión humana del sector.
No obstante, la precariedad también deja una huella en la salud y el bienestar laboral. Muchas profesionales trabajan jornadas extenuantes, algunos días de hasta 16 horas, y enfrentan la presión de trabajar en negro para mantener su actividad. La ausencia de contratos y de un marco legal sólido obliga a muchas a aceptar condiciones insatisfactorias, como tarifas por debajo de los quince euros la hora, lo cual no cubre siquiera los costos básicos de seguridad social o seguros de responsabilidad. Los bajos salarios y la estacionalidad del trabajo preocupan, especialmente en el sector doméstico, donde aún persisten prácticas de pago a precios irrisorios, como los dos euros y cincuenta céntimos por habitación en el ámbito hotelero.
La lucha por un reconocimiento más justo continúa. Yolanda Díaz, vicepresidenta segunda del Gobierno y líder de Sumar, ha defendido la idea de prolongar la edad de jubilación para profesiones exigentes, como la limpieza en alturas o trabajos en condiciones adversas, destacando que no es justo que personas en tareas peligrosas tengan que trabajar hasta los 65 o 67 años. La propuesta busca incorporar medidas que protejan la salud y los derechos de estas profesionales, históricamente subvaloradas y vulnerables.
En este contexto, voces de las propias trabajadoras denuncian la falta de reconocimiento social y laboral. Muchas enfrentan condiciones de trabajo abusivas, con regateos en las horas, trabajos en suelo de rodillas, y una constante pugna por mantener sus derechos básicos. La pandemia de Covid-19 puso en evidencia la importancia del sector, ya que la higiene y la limpieza se volvieron esenciales en la lucha contra el contagio. Sin embargo, esa valoración social no se ha traducido en mejores condiciones laborales ni en salarios dignos.
Las historias de quienes trabajan en la limpieza en España revelan una realidad compleja, marcada por la lucha por la dignidad y el reconocimiento. Más allá de los estereotipos y la invisibilidad social, estas mujeres y hombres construyen día a día una labour imprescindible, con un compromiso que trasciende lo laboral para tocar aspectos de psicología, empatía y ayuda mutua. La reflexión permanece: ¿qué valoramos realmente en nuestra sociedad cuando se trata de una labor tan esencial, pero a la vez, tan subestimada?
