
Un reciente estudio multidisciplinar, publicado en la revista The Lancet, destaca la importancia de considerar la salud paterna y su historia de vida en el embarazo y el desarrollo infantil. Tradicionalmente, la atención prenatal se ha enfocado en la madre, pero esta investigación recalca la influencia de factores médicos, conductuales y psicosociales del padre sobre la gestación y la salud de sus hijos. Elementos como la calidad del esperma, los hábitos de vida y la edad del padre son determinantes. Además, se señala que experiencias pasadas del hombre, como la alimentación y el estrés durante la niñez, pueden afectar la salud de sus futuros hijos, mostrando una interconexión entre generación y bienestar.
Los autores subrayan que el comportamiento del padre dentro de la pareja también tiene un impacto significativo en la salud materna y fetal. Por ejemplo, el apoyo activo de la pareja en actividades cotidianas como la cocina se traduce en mejores hábitos alimentarios para la madre. Asimismo, la comprensión y el apoyo emocional por parte del padre se asocian con menores niveles de depresión y ansiedad en la mujer embarazada, lo cual puede repercutir positivamente en el desarrollo cognitivo y socioemocional del niño. Sin embargo, la evidencia sobre si los cambios epigenéticos ocasionados por experiencias de vida del padre pueden revertirse sigue siendo limitada, lo que aún plantea desafíos en la formulación de recomendaciones precisas para mejorar la salud reproductiva y familiar.
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