

El 56% de los adultos en España no duerme las horas que necesita y más de cuatro millones arrastran un trastorno del sueño crónico, según una encuesta reciente de la Sociedad Española de Neurología (SEN). Los datos sitúan el descanso como uno de los grandes pendientes de la salud pública en el país, con efectos directos sobre el sistema nervioso, el ánimo y el rendimiento diario.
Dormir mal no es solo cuestión de cansancio. Quien acumula noches en deuda nota irritabilidad, problemas de concentración y una capacidad menguada para gestionar el estrés, tres síntomas que la SEN asocia a la falta de regeneración del sistema nervioso durante el sueño profundo. En el plano físico, el déficit pasa factura al sistema inmunológico, al metabolismo y a la tensión muscular.
Los neurólogos apuntan a un combinado conocido. Ritmo de vida acelerado, exposición continua a pantallas y horarios laborales que estiran la jornada hasta entrada la noche. A eso se suma la presión por aprovechar el tiempo libre, que recorta las horas reservadas a la cama. El sueño deja de verse como una necesidad biológica y pasa a tratarse como un margen de ajuste cuando hay tareas pendientes.
El organismo lo nota. Durante la noche se regulan hormonas como el cortisol o la melatonina, se consolida la memoria del día y se reparan tejidos. Saltarse esa fase obliga al cuerpo a funcionar en modo de emergencia, una situación que, sostenida en el tiempo, deriva en cansancio crónico, mayor riesgo cardiovascular y bajada del rendimiento cognitivo.
Sylvaine Balmy, portavoz de Laboratorios Boiron, insiste en que el descanso debería tratarse con el mismo peso que la dieta o el ejercicio. La compañía sostiene que muchas consultas por irritabilidad, dolor muscular o falta de concentración mejoran cuando el paciente recupera una rutina de sueño estable, y reclama campañas de autocuidado centradas en este apartado.
Boiron ha puesto sobre la mesa un decálogo de hábitos para revertir el problema. Entre las pautas, mantener horarios regulares de acostarse y levantarse también el fin de semana, reducir luz y ruido en el dormitorio, apartar móvil, tablet y portátil al menos una hora antes de dormir, y cuidar la alimentación evitando cenas copiosas o cafeína a partir de media tarde. Sumar costumbres que bajen el pulso, como la lectura tranquila o la meditación guiada, ayuda a que el cuerpo entienda que toca cerrar el día.
Cuando estos cambios no bastan, los profesionales contemplan complementos alimenticios. Boiron comercializa Magnesium Duo Noche, una fórmula con magnesio y Melissa officinalis (toronjil) pensada para facilitar la conciliación del sueño y reducir la activación nocturna. La empresa subraya que estos productos no sustituyen una consulta médica si los problemas se prolongan más de tres semanas o aparecen apneas, ronquidos intensos o despertares con sensación de ahogo.
La actividad física moderada por la mañana o a primera hora de la tarde es uno de los aliados más estudiados frente al insomnio. Caminar a buen paso, nadar o practicar yoga unos minutos al día ayuda a regular el reloj interno y a soltar la tensión acumulada durante la jornada. Conviene alejar el ejercicio intenso de las dos horas previas a acostarse, porque eleva el cortisol y retrasa la conciliación.
El entorno también pesa. Un dormitorio entre 18 y 20 grados, oscuro y sin ruidos de fondo facilita las fases de sueño profundo. En primavera y verano, factores como la alta concentración de polen en zonas como la Comunidad de Madrid pueden disparar despertares en personas alérgicas, así que conviene cerrar ventanas en horas pico y ventilar a primera hora de la mañana.
La SEN recuerda que dormir bien no es un lujo, sino un indicador de salud equiparable a la presión arterial o al colesterol. Pedir ayuda al médico de familia ante un insomnio mantenido es, en su opinión, la primera línea de actuación, antes de recurrir por cuenta propia a hipnóticos o complementos.
Las guías clínicas españolas y la Sociedad Española de Neurología sitúan la franja saludable entre siete y nueve horas para adultos de 18 a 64 años, con diferencias individuales. Por debajo de seis horas mantenidas se considera privación de sueño con impacto medible en salud.
Sí. La luz azul de las pantallas inhibe la producción de melatonina, la hormona que prepara al cuerpo para dormir. Apartar el dispositivo entre 60 y 90 minutos antes de acostarse acorta la latencia del sueño en estudios controlados.
Hay evidencia limitada pero positiva sobre el magnesio en personas con déficit, y la melisa (Melissa officinalis) se utiliza tradicionalmente como sedante suave. Ambos suelen tolerarse bien, aunque conviene consultar al farmacéutico si se toma medicación crónica.
Cuando aparece tres o más noches por semana durante al menos tres meses y altera la actividad diurna, los neurólogos hablan de insomnio crónico. En ese punto se recomienda derivación al médico de cabecera o a una unidad del sueño.
Cenar tarde y copioso, consumir cafeína o alcohol en las horas previas a acostarse, hacer ejercicio intenso muy cerca de la noche y mantener el dormitorio iluminado o ruidoso son los factores que más se repiten en las consultas, según los datos clínicos de Boiron y la SEN.
