

En el panorama económico actual, la economía española continúa mostrando signos de resistencia a pesar de las incertidumbres globales. Según el último informe de Funcas, se confirma que el Producto Interno Bruto (PIB) de España crecerá este año un 2,3%, y en 2026 se prevé una expansión moderada del 1,6%. Estos datos sitúan a España por encima de la media europea, apoyados principalmente en una sólida demanda interna y una mayor inversión, especialmente en construcción.
El primer trimestre de 2025 reveló que la economía nacional avanzó un 0,6% respecto al trimestre anterior, un aumento impulsado por un comportamiento favorable en el consumo privado y una reactivación en el sector de la construcción. La inversión en este sector superó por primera vez desde la pandemia los niveles prepandemia, contribuyendo a fortalecer la demanda interna. Sin embargo, el sector exterior mostró signos de debilidad, con exportaciones afectadas por el estancamiento de la economía europea y la tensión arancelaria provocada por Estados Unidos, situación que ha frenado la recuperación de las exportaciones de bienes.
En cuanto a las finanzas públicas, los datos de los primeros meses de 2025 muestran una reducción del déficit hasta 4.719 millones de euros, resultado del aumento en ingresos y una contención del gasto público. No obstante, el país continúa lejos del equilibrio presupuestario, con una deuda que ronda el 100% del PIB. La inflación, por su parte, se ha estabilizado en torno al 2,3%, aunque la inflación subyacente persiste algo más alta, impulsada por el encarecimiento de servicios y alimentos.
El mercado inmobiliario también experimenta una notable tendencia a la desaceleración tras años de crecimiento acelerado. Aunque las compraventas se mantienen en máximos de los últimos 18 años, el aumento en los precios ha comenzado a frenar nuevas operaciones, y el mercado muestra signos de agotamiento. La construcción de nuevas viviendas aumenta, pero aún no alcanza a cubrir el déficit existente, estimado en aproximadamente 600.000 unidades, lo que refleja una problemática aún pendiente para el sector habitacional.
Desde el punto de vista demográfico, el crecimiento poblacional, sustentado en mayor parte por la migración extranjera, sigue impulsando el consumo privado, aunque con menor intensidad. Esto ha contribuido a moderar el gasto de los hogares, en un contexto en el que el mercado de trabajo ha mejorado, con una tasa de desempleo prevista que bajará del 11,36% al 9,6% para finales de 2026. La creación de empleo, aunque significativa, aún se encuentra por debajo de los niveles anteriores a la pandemia.
No obstante, uno de los principales riesgos señalados por los analistas es la escalada del proteccionismo internacional. Un aumento en los aranceles, especialmente si Estados Unidos decide ampliar sus medidas, podría perjudicar las exportaciones españolas y la inversión en bienes de equipo, afectando directamente el crecimiento. Además, el persistente déficit de vivienda continúa siendo un escollo, potencialmente limitando la llegada de nuevos trabajadores y tensionando aún más el mercado laboral.
El entorno fiscal, con una deuda elevada y un déficit cercano al 3% del PIB, restringe la capacidad de respuesta del país ante posibles shocks económicos. Los expertos advierten que se debe extremar la prudencia ante la posible aparición de nuevos imprevistos tanto a nivel internacional como doméstico, que podrían poner a prueba la resistencia de la economía española en los próximos años.
