
Julio Iglesias se encuentra en el centro de la controversia tras haber sido acusado de agresiones sexuales por dos exempleadas. El cantante ha recurrido a su cuenta de Instagram para defenderse públicamente, publicando capturas de mensajes de WhatsApp que, según él, demuestran la falsedad de las denuncias en su contra. Iglesias afirma que estas comunicaciones muestran una relación afectuosa y normal entre él y las denunciantes, contradiciendo así las acusaciones de agresiones y humillaciones laborales. Expresó su frustración ante la negativa de la Fiscalía española a permitirle personarse en el proceso judicial, impidiéndole, según él, participar plenamente en su defensa. La denuncia en cuestión se refiere a hechos presuntamente ocurridos en 2021 en la República Dominicana y las Bahamas.
Este caso pone en relieve una estrategia de defensa común frente a acusaciones de abuso sexual, que busca desviar la atención hacia la conducta de las presuntas víctimas. Expertos en derecho señalan que esta táctica intenta cuestionar la veracidad de las acusaciones mediante la apariencia de normalidad en la vida de las denunciantes. La jurista Altamira Gonzalo explica que suele justificarse el comportamiento de los acusados atribuyendo la iniciativa a las mujeres o apelando a la dependencia laboral como razón del tono afectuoso en las comunicaciones. Sin embargo, subraya que lo crucial es centrarse en los hechos denunciados y en la evolución de la relación laboral para determinar si hubo consentimiento en los supuestos acometimientos sexuales. Este tipo de defensa, similar al caso conocido de «La Manada», demuestra la persistencia de percepciones machistas en el tratamiento judicial de la violencia sexual.
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