

En un esfuerzo por abordar de manera efectiva el delirium, un síndrome geriátrico que a menudo se pasa por alto, profesionales de Geriatría participaron en una jornada dedicada a desentrañar las complejidades de esta condición que afecta a un significativo porcentaje de la población mayor hospitalizada. Según las estadísticas, hasta el 60 por ciento de los casos de delirium no son detectados o son infradiagnosticados, y la incidencia puede llegar al 50 por ciento entre los ancianos ingresados en hospitales.
El evento, organizado por el Hospital Universitario del Tajo, puso especial énfasis en la importancia de reconocer este deterioro cognitivo de manera temprana y eficaz. Los geriatras compartieron valiosas estrategias dirigidas a identificar y mitigar los efectos del delirium, subrayando la necesidad de mantener una alta reserva cognitiva. Para ello, destacaron la utilidad de herramientas simples para ejercitar la memoria y promovieron la adopción de hábitos saludables, tanto en lo que respecta a la nutrición como al ejercicio físico regular.
Además, se abordó un tema igualmente relevante para el bienestar de los ancianos: la soledad no deseada. Se exploraron los recursos disponibles en el área para combatir este problema social, proporcionando a los asistentes información crucial para mejorar la calidad de vida de los mayores.
La jornada no fue solo informativa sino también interactiva. Se llevaron a cabo tres talleres creativos que buscaban estimular tanto la mente como el cuerpo. En uno de ellos, se utilizaron fragmentos de películas que ofrecieron un marco para el diálogo y el intercambio de ideas sobre cómo aplicar estas lecciones en la vida cotidiana. Un segundo taller propuso un ingenioso “Bingo recuerdos”, diseñado para agudizar la memoria mediante actividades cotidianas del pasado. Los participantes más ágiles en la rememoración fueron recompensados al gritar “¡bingo!”.
El evento culminó con una animada sesión de flamencoterapia, proporcionada por la Fundación Mémora. A través de la música y el movimiento del baile flamenco, los asistentes no solo disfrutaron de una actividad física, sino que también experimentaron momentos de conexión emocional y alegría, finalizando una jornada que sin duda dejó una marca positiva en todos los presentes.
Este enfoque holístico y multifacético resalta la importancia de no solo tratar las condiciones médicas de los ancianos, sino también de abordar los aspectos sociales y emocionales que repercuten en su calidad de vida. Iniciativas como estas ofrecen un rayo de esperanza y un modelo a seguir para mejorar la atención geriátrica.
