

El dolor de hombro, una afección cada vez más común, está generando preocupaciones significativas debido a su impacto en las actividades diarias de muchas personas. En el Hospital Quirónsalud Vitoria, la Unidad del Dolor se ha convertido en un refugio para aquellos que buscan alivio de este malestar, el cual, si no se aborda oportunamente, puede convertirse en crónico, afectando severamente la calidad de vida.
Según el doctor Rubén Álvarez, jefe de la Unidad del Dolor, ciertas profesiones parecen estar en mayor riesgo. Actividades que requieren mantener los brazos en alto durante periodos prolongados, como peluquería, pintura, trabajo mecánico y eléctrico, son particularmente propensas a generar desgaste en las estructuras del hombro, como los ligamentos y el manguito rotador.
La complejidad del hombro, con su amplio rango de movimiento, exige una atención precisa para diferenciar el tipo de dolor, ya sea muscular, articular o nervioso. «El tratamiento cambia completamente en función de la causa», señala el doctor Álvarez. Por su parte, la doctora Eider García enfatiza que el dolor articular, como el causado por la capsulitis adhesiva, se asocia generalmente con limitaciones de movimiento, mientras que el dolor nervioso suele presentarse como calambres o sensación de quemazón.
Los pacientes que acuden a esta unidad a menudo han probado otras soluciones como fisioterapia o cirugía sin encontrar alivio. Al llegar, se realiza una reevaluación exhaustiva del hombro, a menudo utilizando ecografías para observar el movimiento y detectar lesiones específicas, lo cual es fundamental para orientar el tratamiento correcto.
El dolor se considera crónico cuando persiste más de tres o cuatro meses. Es crucial no esperar más de seis a ocho meses para buscar ayuda, ya que la recuperación puede ser más difícil después de este periodo. Los tratamientos en la unidad se personalizan, abarcando desde infiltraciones selectivas hasta técnicas de radiofrecuencia para reducir el dolor, junto con terapias que mejoran la lubricación articular y facilitan la rehabilitación.
Más allá de los tratamientos clínicos, la prevención juega un papel esencial. Ajustar la postura en el lugar de trabajo y evitar mantener los brazos elevados por mucho tiempo son medidas preventivas clave. Identificar los síntomas temprano y consultar a tiempo puede evitar que un dolor agudo se convierta en un problema crónico, asegurando que las personas puedan continuar con sus actividades diarias sin dolor. Con el tratamiento adecuado, muchos pacientes logran mejoras significativas en su calidad de vida, recuperando autonomía y la capacidad de realizar tareas cotidianas sin molestias.
