
El sector ferroviario de alta velocidad en España vivió recientemente un desafortunado episodio, marcando el primer accidente con víctimas tras la liberalización del sector en 2019-2020. El siniestro involucró a un tren de Iryo, que es la segunda operadora en volumen, tras Renfe. Iryo, con un 51% de su capital controlado por la estatal italiana Ferrovie dello Estato, opera desde 2022 y ha expandido su red rápidamente, con servicios en los principales corredores del país. La operadora, que utiliza trenes Frecciarossa fabricados por Hitachi Rail y Alstom, ha intentado competir con sus rivales ofreciendo tecnología avanzada y ha logrado captar entre un 23% y 28% del mercado, dependiendo de la línea.
Pese a esta expansión, Iryo ha atravesado dificultades financieras significativas, registrando pérdidas millonarias desde su lanzamiento. A pesar de alcanzar ingresos de 305 millones de euros en 2024, la compañía sigue esperando alcanzar beneficios entre 2026 y 2027. El reciente descarrilamiento de un servicio de Iryo en el trayecto Málaga-Madrid, que transportaba a 300 pasajeros, agrega una dimensión trágica a sus desafíos. El incidente ensombrece la inminente participación de la firma en la feria de turismo Fitur y subraya la complejidad y riesgos inherentes en la operativa de alta velocidad en un mercado competitivo.
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