

El aumento alarmante de casos de cáncer colorrectal entre adultos jóvenes ha capturado la atención de profesionales y organismos de salud en todo el mundo. Aunque esta enfermedad tradicionalmente afectaba a personas mayores de 50 años, en las últimas décadas ha venido experimentando un incremento notable en las personas de entre 20 y 40 años, situación que preocupa mucho más allá de las estadísticas. La especialista en salud pública y gastroenteróloga, Trisha Pasricha, explica que los cambios en el estilo de vida y el entorno parecen ser las principales responsables de esta tendencia, desplazando la antigua idea de que solo los factores genéticos o el tabaquismo son los causantes.
Pasricha subraya que si bien el tabaquismo y la herencia genética continúan siendo riesgos importantes, la incidencia en adultos jóvenes está cada vez más relacionada con hábitos cotidianos. La reducción en el consumo de tabaco y la estabilidad genética parecen tener menos peso en comparación con los cambios en el estilo de vida, como la alimentación y la actividad física. La ingesta excesiva de alimentos ultraprocesados y la falta de fibra en la dieta emergen como factores cruciales que contribuyen a esta problemática, ya que estudios vinculados a la dieta demuestran que una alimentación pobre en fibra y rica en productos ultraprocesados puede acelerar la aparición de lesiones precancerosas en el colon.
Además, la inactividad física y el sedentarismo son aspectos cada vez más presentes en la vida de los jóvenes, quienes pasan largas horas frente a pantallas, sin realizar suficiente ejercicio. La evidencia demuestra que dedicar de una a dos horas diarias a la televisón o dispositivos aumenta en un 12% el riesgo de desarrollar cáncer colorrectal, lo que subraya la importancia de mantener una rutina de actividad física regular.
El consumo de bebidas azucaradas también aparece como un factor de riesgo relevante, particularmente en mujeres jóvenes. Estudios recientes sugieren que beber al menos dos bebidas azucaradas diarias en la adolescencia y la adultez aumenta el doble de la probabilidad de ser diagnosticado con cáncer de colon antes de los 50 años, en comparación con quienes las consumen de forma ocasional o rara. Este hábito, sumado a la ingesta excesiva de carnes rojas y procesadas, refuerza aún más la importancia de adoptar una alimentación equilibrada y moderada.
La moderación en el consumo de carnes rojas y procesadas, así como marinar y cocinar estos alimentos a temperaturas bajas, son recomendaciones efectivas para reducir los compuestos dañinos que se generan en la cocción. La evidencia indica que limitar el consumo semanal a unas tres raciones ayuda a disminuir el riesgo de desarrollar la enfermedad.
La organización mundial de la salud insiste en que la actividad física regular, incluso en pequeñas dosis, puede marcar diferencia. La recomendación es realizar entre 150 y 300 minutos de ejercicio moderado por semana, lo que puede traducirse en subir escaleras o caminar con intensidad durante unos minutos al día. La inacción, junto con el consumo habitual de alcohol, contribuye a aumentar las probabilidades de enfermar. El alcohol, incluso en cantidades moderadas, genera compuestos que dañan el ADN y se asocia con un mayor riesgo de cáncer colorrectal y de mama.
Frente a estos factores de riesgo modificables, la detección temprana es fundamental. La colonoscopia, por ejemplo, sigue siendo la herramienta más eficaz para prevenir la aparición de tumores. Realizarse este examen a partir de los 45 años, o antes si hay antecedentes familiares, permite detectar pólipos en etapas iniciales y eliminarlos antes de que puedan convertirse en cáncer. La prevención y el control temprano son la mejor estrategia para frenar esta tendencia alarmante entre los jóvenes.
En definitiva, aunque no todos los factores que contribuyen a la aparición del cáncer colorrectal están bajo control individual, modificar ciertos comportamientos puede disminuir significativamente el riesgo. Mejorar la alimentación, incrementar la actividad física, reducir el consumo de alcohol y estar atento a los antecedentes familiares, si los hay, son pasos esenciales en una estrategia integral para cuidar la salud del colon en una etapa de la vida donde se espera estar en plenitud.
