

Dos postres se han hecho un hueco fijo en las cartas de este verano: el affogato y los helados con alcohol. Lo confirma un estudio de La Compagnie des Desserts, especializada en postres para hostelería, que ve en ambas propuestas una forma de ofrecer algo distinto sin complicar el trabajo en cocina.
El affogato combina una bola de helado artesanal con café espresso recién hecho, vertido justo antes de servir. Se prepara en segundos, y esa mezcla de temperaturas y texturas, frío y caliente, dulce y amargo, es lo que engancha al comensal. La Compagnie des Desserts apuesta por sabores clásicos como vainilla bourbon, pistacho o chocolate, pensados para que cada local pueda adaptarlos a su propio menú sin perder identidad.
La segunda tendencia mezcla mixología y heladería: sorbetes con alcohol inspirados en cócteles como el mojito, la piña colada o el gin tonic. Se sirven en copa, acompañados de fruta fresca, y llegan listos para tomar, sin que el personal de cocina tenga que añadir pasos extra al servicio. Ese formato de cóctel reinterpretado ya funciona en otros espacios de Madrid, como el que combina ajedrez y coctelería en el Gambit Café, donde la propuesta lúdica también es parte del atractivo.
En la capital, la oferta de heladería ya era amplia antes de esta moda: locales como los recogidos en nuestro repaso de las heladerías más populares de Madrid lo demuestran. Ahora, con el affogato y los sorbetes con alcohol, esa oferta suma dos formatos pensados para un público que busca algo más que refrescarse.
Para los restaurantes, ambas propuestas cumplen una doble función: dan personalidad a la carta de verano y no exigen apenas tiempo de preparación extra, algo que agradece cualquier cocina en plena temporada alta.
Un postre italiano que se prepara vertiendo café espresso caliente sobre una bola de helado, normalmente de vainilla, justo antes de servirlo.
Vainilla bourbon, pistacho y chocolate, elegidos por ser versátiles y fáciles de adaptar a distintos menús.
El mojito, la piña colada y el gin tonic son los más habituales en formato sorbete con alcohol.
Porque diferencian la carta de verano sin sumar carga de trabajo a la cocina, ya que se sirven listos o con muy poca preparación.
