
Frank Gehry, el aclamado arquitecto canadiense-estadounidense, falleció el viernes a los 96 años en su residencia de Santa Mónica, California, dejando un legado inmenso en el mundo de la arquitectura. Conocido por transformar el acero en estructuras de apariencia ondulante, su carrera despegó internacionalmente tras la inauguración del Museo Guggenheim de Bilbao en 1997, que marcó un nuevo capítulo en la arquitectura del siglo XXI. Gehry, nacido como Ephraim Owen Goldberg en Toronto, desarrolló la mayor parte de su carrera en Estados Unidos tras trasladarse junto a su familia a Los Ángeles en su juventud. Fue reconocido como uno de los máximos exponentes del deconstructivismo, un estilo arquitectónico que desafía las formas convencionales aplicando un enfoque artístico y escultórico en sus diseños.
Además del icónico Guggenheim, Gehry dejó su huella en proyectos destacados como la sede de la Filarmónica de Los Ángeles, el Walt Disney Concert Hall, que también simbolizó el renacimiento del distrito financiero de la ciudad. Su trabajo se expandió por todo el mundo, con obras influyentes como el Jay Pritzker Pavilion en Chicago y las bodegas del Marqués de Riscal en España. Galardonado con el prestigioso Premio Pritzker y numerosos reconocimientos internacionales, incluida la Medalla Presidencial de la Libertad de EE.UU., Gehry fue tanto aclamado como criticado por su enfoque radical y transformador. A pesar de las críticas, su capacidad para concebir la arquitectura como una forma de arte integral asegura que su impacto perdurará mucho tiempo después de su desaparición.
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