Donald Trump ha decidido flexibilizar temporalmente las sanciones impuestas a la venta de petróleo ruso, permitiendo la entrada de 100 millones de barriles a los mercados internacionales. Esta medida busca contrarrestar la crisis energética derivada de la agresión de Estados Unidos e Israel contra Irán. La decisión ha sido recibida con críticas desde Bruselas, donde António Costa, presidente del Consejo Europeo, expresó su preocupación por lo que considera una medida unilateral. Esta flexibilización aplica únicamente al petróleo que ya estaba en tránsito antes del 12 de marzo, según el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent. Con esta acción, Estados Unidos intenta garantizar la estabilidad del mercado petrolero global, a pesar de las tensiones geopolíticas.
El levantamiento parcial de las sanciones llegó en un momento crítico para Rusia, afectada por un déficit presupuestario y caídas en ingresos energéticos. La medida podría ofrecer un respiro financiero al Kremlin, que enfrenta un déficit público significativo y un descenso del 10% en los ingresos presupuestarios al inicio del año. A pesar de esta inyección de liquidez, la economía rusa sigue desequilibrada por los altos gastos militares. Aunque esta flexibilización alivie temporalmente las restricciones sobre Rusia, los expertos creen que no cambiará el curso de la guerra en Ucrania ni resolverá las tensiones estructurales dentro de la economía rusa. Entretanto, la ofensiva contra Irán ha intensificado la crisis energética tras el bloqueo del estrecho de Ormuz, fundamental para el tráfico de petróleo, subiendo el precio del Brent a cerca de 100 dólares.
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