
Dos futbolistas de la selección femenina de Irán, Fatemeh Pasandideh y Atefeh Ramezanisadeh, han encontrado un refugio seguro en Australia tras recibir visados humanitarios del gobierno local. Ambas atletas, quienes decidieron no cantar el himno nacional iraní durante un partido de la Copa Asia —un gesto que generó controversia en los medios oficiales de su país que las tildaron de “traidoras”—, se han incorporado a los entrenamientos del Brisbane Roar, un equipo local que les ha ofrecido apoyo en su proceso de adaptación. Este gesto de solidaridad del club australiano llega en un contexto tenso, mientras el resto de la selección regresa a Irán tras una estancia breve en Omán, y con el trasfondo del conflicto armado iraní que comenzó en febrero.
El caso de las futbolistas iraníes ha captado la atención internacional, especialmente tras conocerse que inicialmente siete jugadoras buscaron asilo en Australia durante la Copa Asia. Sin embargo, bajo circunstancias aún poco claras y que podrían incluir presiones o amenazas, cinco de ellas decidieron regresar a su país después de unos días. La situación de estas deportistas ha recibido especial atención en medio de denuncias persistentes sobre los derechos de las mujeres en Irán, en un momento en que el país enfrenta tensiones internas e internacionales tras ataques aéreos de Estados Unidos e Israel. La acogida de Pasandideh y Ramezanisadeh por parte de un equipo australiano representa un símbolo de resistencia y un acto de apoyo global hacia quienes se atreven a desafiar las expectativas restrictivas de su nación de origen.
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