

Según un estudio reciente publicado en el Journal of the American Heart Association, los patrones de sueño pueden tener un impacto importante en la salud cardiovascular, especialmente en la mediana edad y la vejez. La investigación, que analizó a más de 300.000 participantes en el Biobanco del Reino Unido, revela que las personas que tienden a quedarse despiertas hasta tarde, conocidas como “noctámbulos” o “personas vespertinas”, presentan un mayor riesgo de enfermedades cardíacas.
Específicamente, los noctámbulos tenían un 79% más de probabilidades de tener una puntuación baja en salud cardiovascular en comparación con quienes mantienen un ritmo de sueño más regular, generalmente despertándose y acostándose en horarios más consistentes. Además, durante un período de seguimiento de aproximadamente 14 años, estos individuos mostraron un incremento del 16% en el riesgo de sufrir infartos o accidentes cerebrovasculares.
Por otro lado, quienes son madrugadores o “pájaros matutinos” proyectaron un menos riesgo, con un 5% de probabilidad menor de presentar puntuaciones deficientes en salud cardíaca. Entre el grupo analizado, solo alrededor del 8% se identificó como personas que se quedan despiertas hasta tarde con horarios habituales después de la medianoche, mientras que el 24% tendía a acostarse temprano, y la mayoría, un 67%, se situaba en un punto intermedio en el ciclo de sueño.
Uno de los aspectos que destacan los investigadores es la desalineación circadiana que experimentan las personas vespertinas, lo que significa que su reloj biológico no se ajusta perfectamente al ciclo natural de luz y oscuridad, potencialmente afectando su salud. De hecho, el estudio también encontró que este patrón tiene un impacto más pronunciado en las mujeres que en los hombres.
Aunque estos hallazgos podrían parecer alarmantes, los expertos subrayan que mucho del riesgo asociado a estar despiertos por la noche está relacionado con hábitos de vida poco saludables, como una dieta deficiente, fumar o dormir menos de lo recomendado. En ese sentido, los cambios en el estilo de vida y una mayor atención al higiene del sueño pueden ser efectivos para mitigar estos riesgos y promover una mejor salud cardiovascular.
Los investigadores enfatizan que los patrones de sueño no determinan por sí mismos la salud, sino que influyen en ella a través de comportamientos relacionados. Por ello, modificando estos comportamientos, las personas predispuestas a ser noctámbulas tienen la oportunidad de mejorar su bienestar y reducir el riesgo de enfermedades cardíacas.
En conclusión, si alguna vez pensaste en convertirte en un ave nocturna, quizás valga la pena reconsiderarlo. Un horario más alineado con los ritmos naturales no solo favorece el descanso, sino que también puede ser una pieza clave para cuidar del corazón en el largo plazo.
