

El coste de la urea en los mercados internacionales superó los 700 dólares por tonelada en abril de 2026, con un encarecimiento de más del 70% desde enero y los precios más altos desde 2022. Detrás está la guerra en Oriente Medio, que estalló en febrero y que disparó el precio del gas natural a la vez que restringió el tránsito por el Estrecho de Ormuz, principal ruta de los envíos de fertilizantes. Los agricultores europeos afrontan esta campaña con cuentas que no cuadran y empiezan a reducir la superficie dedicada al maíz.
La urea y los fertilizantes nitrogenados se producen a partir del gas natural, así que cuando el gas se encarece, el abono lo hace también. Según analistas de las consultoras Expana y Argus Media, la superficie de maíz en la Unión Europea caerá por primera vez en lo que va de siglo por debajo de los ocho millones de hectáreas en 2026. La combinación de fertilizantes caros y sequías en varios países impulsa esa contracción.
El impacto no es uniforme. Francia es el país más golpeado: podría perder entre el 10% y el 15% de su superficie de maíz, lo que equivale a unas 200.000 hectáreas menos, arrastrada por la sequía y el alza del coste del abono. Alemania, en cambio, espera un crecimiento del 3,5% en las siembras porque sus agricultores firmaron contratos de fertilizante por adelantado, antes de que los precios se dispararan. Polonia mantiene una situación más estable, con una superficie prevista de alrededor de 1,25 millones de hectáreas, solo ligeramente por debajo de la campaña anterior.
En España, las regiones más expuestas son Aragón, Cataluña y Castilla y León. Javier Fatas, productor de cereales y miembro de la COAG, advierte de que la suma de fertilizantes caros y costes de producción en general hace inviable la siembra de maíz en muchas parcelas. Las reservas locales de grano han suavizado algo el golpe a corto plazo, pero una reducción sostenida de la superficie cultivada acabará encareciendo los piensos y, con ello, toda la cadena alimentaria que depende del maíz como materia prima.
El presidente Pedro Sánchez anunció un plan de 5.000 millones de euros para proteger a los sectores productivos afectados por la crisis de Oriente Medio, incluido el campo. La medida llega en un año en que la economía madrileña ha crecido un 19,4% sobre los niveles prepandemia, aunque las cifras globales de crecimiento no reflejan por igual las dificultades de sectores como el agropecuario.
Más allá de Europa, la situación añade presión. La escasez de gas natural licuado ha llevado al cierre de plantas de fertilizantes en India y Bangladesh. China y Rusia han endurecido las restricciones a la exportación de urea para asegurar su propio abastecimiento, lo que reduce la oferta global en un momento de demanda sostenida. La presión alcanza a toda la cadena productiva: agricultores, distribuidores de pienso y ganaderos resisten un ciclo de encarecimiento que toca a múltiples sectores en España durante 2026. Los organismos internacionales siguen de cerca el efecto sobre la seguridad alimentaria en las regiones más dependientes de los insumos importados.
El detonante principal es la guerra en Oriente Medio, desencadenada en febrero de 2026, que encareció el gas natural y restringió el tránsito por el Estrecho de Ormuz. La urea se fabrica a partir del gas natural, así que el encarecimiento de la materia prima se traslada de forma directa al precio del fertilizante.
Expana y Argus Media prevén que la superficie baje por primera vez en lo que va de siglo por debajo de los ocho millones de hectáreas. Francia es el país más afectado, con una caída estimada de entre el 10% y el 15%, unas 200.000 hectáreas menos.
Aragón, Cataluña y Castilla y León, las principales zonas productoras de maíz en España. La COAG ha alertado de que la combinación de fertilizantes caros y costes generales de producción puede hacer inviable la siembra en muchas parcelas esta campaña.
El presidente Pedro Sánchez anunció un plan de 5.000 millones de euros para apoyar a los sectores productivos más afectados por la crisis de Oriente Medio, con medidas específicas para el campo. El objetivo es compensar parte del impacto del alza en fertilizantes y energía sobre los agricultores.
La escasez de gas natural licuado derivada del conflicto en Oriente Medio ha encarecido tanto la materia prima que algunas instalaciones en India y Bangladesh han tenido que parar producción. China y Rusia, además, han restringido sus exportaciones para garantizar su propio abastecimiento.
