
Una reciente investigación publicada en la revista Nature Medicine ha revelado que la actividad física puede retrasar hasta siete años la aparición de síntomas del Alzheimer en individuos con alto riesgo de padecer esta enfermedad. El estudio, que siguió durante 14 años a casi 300 personas con Alzheimer preclínico, encontró que aquellos que caminaban menos de 3,000 pasos diarios mostraban un deterioro cognitivo más rápido. Por el contrario, los que mantenían un nivel moderado de actividad física, caminando entre 3,000 y 7,500 pasos al día, experimentaron una notable desaceleración en el deterioro cognitivo.
El análisis, que abarcó participantes de entre 50 y 90 años, utilizó tomografías que midieron los niveles de proteínas Tau y Beta-amiloide en el cerebro. Los hallazgos sugieren que aumentar la actividad física, incluso en pequeñas cantidades, puede contribuir a la salud cerebral y cognitiva, lo que abre la puerta a nuevas estrategias terapéuticas. Los investigadores planean profundizar en qué aspectos del ejercicio son más beneficiosos y en los mecanismos biológicos que explican estos efectos, con la intención de diseñar ensayos clínicos dirigidos a frenar el deterioro cognitivo en personas mayores de alto riesgo.
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