

El aumento en la mortalidad de motoristas en España vuelve a ser motivo de preocupación para las autoridades y organizaciones dedicadas a la seguridad vial. Según datos recientes, la proporción de fallecidos en accidentes de motocicleta en el país ha pasado del 18% en 2013 a casi el 25% en 2024, evidenciando un incremento que requiere atención y acciones específicas para reducir las cifras y mejorar la protección de quienes circulan en moto.
Un estudio elaborado por Sigma Dos, basado en más de 500 entrevistas, ha permitido perfilar a los motoristas en relación con la siniestralidad. Los resultados muestran que aproximadamente uno de cada cuatro motoristas ha sufrido al menos un accidente en la última década, sin que existan diferencias significativas en función del sexo, la edad o los años de permiso. La mayoría de los conductores encuestados cuenta con una experiencia de más de diez años en la conducción de motos, lo que revela un colectivo con un nivel de dominio sobre el vehículo que, sin embargo, no siempre se traduce en prácticas seguras.
De hecho, una parte importante de los motoristas percibe la conducción como una actividad de riesgo alto o muy alto. Cerca del 10% de ellos considera que su exposición al peligro es baja, pero la percepción general indica un nivel elevado de riesgo: el 43,2% de los hombres y un destacado 69,5% de las mujeres creen que la peligrosidad en la conducción de motos es alta o muy alta. Pese a ello, las conductas inseguras siguen siendo frecuentes, como circular a velocidades superiores a las permitidas, zigzaguear entre vehículos o circular por el arcén.
Estas prácticas están directamente relacionadas con la siniestralidad. Quienes han sufrido accidentes también tienden a haber sido sancionados por excesos de velocidad, consumo de alcohol o drogas, o por no usar casco. La formación adicional parece ser uno de los aspectos a mejorar en este colectivo: solo el 22,6% de los motoristas afirma haber recibido algún curso de perfeccionamiento, si bien quienes han participado en estos programas aseguran que les han ayudado a mejorar su conducción. Este dato se convierte en una oportunidad para potenciar campañas formativas, con el objetivo de reducir la ocurrencia de incidentes.
En respuesta a estos desafíos, la Dirección General de Tráfico (DGT) ha reforzado la regulación sobre la formación de conductores de motocicletas. La regulación del pasado año pone énfasis en aspectos prácticos, en la concienciación sobre las posibles consecuencias de una conducción insegura y en la incorporación de sistemas de ayuda, como los Asistentes de Velocidad y Sistemas de Control de Estabilidad (ARAS). Además, se han establecido cursos voluntarios en conducción segura y eficiente que ya han participado más de 700 conductores, quienes además logran recuperar puntos en su permiso, fomentando así hábitos más responsables en las calles.
El perfil de quienes retoman la conducción tras un período de inactividad, llamado “reborn”, también ha sido objeto de análisis. Estos motoristas, que conducen con menor asiduidad y prefieren motos de ocio como las sport touring o las custom, tienden a tener una percepción mayor de peligrosidad y, sin embargo, mantienen prácticas inseguras. La experiencia en conducción y la utilización de ciertos tipos de motocicletas parecen ser factores que influyen en su comportamiento y en la percepción del riesgo.
Otra pieza clave del puzzle es el análisis de las características técnicas de las motos y su relación con la peligrosidad vial. Un estudio de Applus IDIADA ha señalado que la siniestralidad varía según la edad del conductor y la potencia de la motocicleta. Los jóvenes menores de 24 años registran mayor riesgo por kilómetro recorrido, aunque al considerar los desplazamientos totales, la incidencia se concentra en conductores de mayor edad. La experiencia, en este caso, actúa como un elemento protector, ya que los conductores experimentados con motocicletas de alta cilindrada presentan menor riesgo de accidente.
Asimismo, se ha observado que las motocicletas de potencia media-alta tienen una mayor tasa de mortalidad en caso de siniestro, aunque las de menor cilindrada, especialmente las scooters de hasta 125 cc., presentan una proporción elevada de heridos graves. Los scooters, que representan más del 51% del parque de motos en España, concentran más de la mitad de los accidentes, situación que refuerza la necesidad de entender que las políticas de seguridad no solo deben centrarse en limitar la cilindrada, sino en abordar también el perfil del conductor y las características de los vehículos.
Finalmente, en lo que respecta al equipamiento de protección, las investigaciones confirman una tendencia positiva en el uso de dispositivos de seguridad, pero destacan que el casco sigue siendo fundamental. Su uso reduce en un 42% el riesgo de fallecimiento y en un 69% las lesiones en la cabeza. La ropa técnica, los guantes y los sistemas de airbag para motoristas contribuyen a disminuir la gravedad de las lesiones. En este sentido, la próxima actualización del Reglamento General de Circulación incorporará requisitos específicos de protección, como guantes, calzado cerrado y chalecos reflectantes para los profesionales que circulen en moto, en un intento por reducir aún más la severidad de los accidentes.
El panorama actual evidencia que la seguridad vial de los motoristas requiere un enfoque integral que combine formación, regulación y mejor equipamiento. Solo así será posible revertir la tendencia al alza en las cifras de mortalidad y crear un entorno más seguro para quienes eligen la motocicleta como medio de movilidad.
Fuente: Ministerio del Interior
