
El conflicto entre Rusia y Ucrania, que cumple cuatro años este 24 de febrero, parece acercarse a un posible desenlace con las recientes negociaciones trilaterales lideradas por Estados Unidos en Emiratos Árabes Unidos. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ha mostrado señales de que este mes podría ser decisivo para alcanzar un acuerdo de paz, lo que coincide con la presión de Donald Trump, presidente de Estados Unidos, interesado en concretar un triunfo diplomático. Las conversaciones, iniciadas en Abu Dabi el pasado enero, buscan consensuar un borrador de paz que ha sido negociado desde octubre por emisarios rusos y estadounidenses. Este plan propone, entre sus puntos más relevantes, la congelación del frente en las provincias de Zaporiyia y Jersón y la retirada de tropas rusas de varias regiones ucranianas ocupadas, mientras se limita el tamaño del ejército ucranio y se descarta la adhesión de Kiev a la OTAN.
La complejidad del acuerdo recae especialmente en la situación de la región de Donbás, donde Rusia exige la retirada del ejército ucranio de Lugansk y Donetsk; una propuesta a la que Zelenski se había opuesto hasta diciembre pasado. Además, el control de la central nuclear de Zaporiyia representa otro punto de discordia, con Rusia manteniendo su ocupación y Ucrania buscando recuperarla. En un intento por facilitar un giro positivo, Estados Unidos ha propuesto una solución conjunta para la gestión de la planta, aunque aún no está claro si se podría alcanzar un consenso en todos estos aspectos. Mientras tanto, Moscú parece estar midiendo riesgos tras la estrategia militar del Kremlin, con el ministro de Exteriores ruso y voces locales sugiriendo que el gobierno ruso está en una encrucijada; debe decidir entre prolongar el conflicto o asumir los riesgos de finalizarlo sin cumplir completamente sus objetivos.
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