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Cardiopatía isquémica: qué es y por qué operaron a Peretti

Ilustración 3D de un corazón humano dentro de un torso transparente, mostrando arterias con placas de colesterol. Gráficos de ADN y alimentos rodean el órgano.

El actor argentino Diego Peretti ha sido sometido a una angioplastia con colocación de un stent en Buenos Aires tras detectar anomalías en su función cardíaca. La intervención, programada y mínimamente invasiva, le ha sido practicada por una cardiopatía isquémica, una de las primeras causas de mortalidad en el mundo. El intérprete ya recibió el alta y se recupera en su domicilio, mientras la obra teatral que protagoniza ha suspendido funciones de forma temporal.

Peretti, conocido por su trayectoria en cine, teatro y televisión, pasó por quirófano tras los hallazgos en una revisión cardiológica rutinaria. El procedimiento, habitual en pacientes con obstrucción coronaria, consiste en dilatar la arteria afectada e implantar una pequeña malla metálica que mantiene el flujo de sangre. Su evolución, según el parte médico, es favorable.

Qué es la cardiopatía isquémica

La cardiopatía isquémica aparece cuando las arterias coronarias, las que llevan sangre y oxígeno al corazón, se estrechan u obstruyen por la acumulación de placas de grasa y células inflamatorias. Ese proceso, llamado arteriosclerosis, avanza durante años sin dar señales claras. Cuando el flujo sanguíneo cae por debajo de lo que el músculo cardíaco necesita, aparecen los problemas: angina de pecho, falta de aire o, en los casos graves, infarto de miocardio.

Según la Organización Mundial de la Salud, las enfermedades cardiovasculares causan unos 17,9 millones de muertes al año en todo el planeta, y la cardiopatía isquémica encabeza esa lista. En España, el infarto agudo de miocardio sigue siendo una de las primeras causas de muerte hospitalaria, según datos del INE.

Factores de riesgo: lo que sí se puede cambiar

Hay factores que no dependen del paciente, como la edad o los antecedentes familiares. Pero la mayoría de los que disparan el riesgo cardiovascular tienen que ver con el estilo de vida o con patologías que se pueden controlar:

  • Hipertensión arterial: tensión alta sostenida que daña la pared de la arteria.
  • Colesterol elevado, sobre todo el LDL.
  • Diabetes y resistencia a la insulina.
  • Tabaquismo, asociado al doble de riesgo cardiovascular.
  • Sedentarismo y sobrepeso.
  • Estrés crónico mal gestionado.

Cómo se diagnostica

El diagnóstico arranca con la exploración clínica y un electrocardiograma en reposo. A partir de ahí, el cardiólogo puede pedir pruebas de esfuerzo, ecocardiogramas, analítica de marcadores cardíacos o, si hay sospecha firme, una coronariografía, que muestra el interior de las arterias mediante contraste y permite valorar el grado de estrechamiento. La detección temprana cambia el pronóstico de forma radical.

Del stent al bypass: opciones de tratamiento

La angioplastia con stent, como la que se le practicó a Peretti, es hoy el procedimiento más extendido en obstrucciones localizadas. Se introduce un catéter por la arteria femoral o radial, se infla un balón en la zona estrechada y se coloca una malla metálica que mantiene la luz del vaso. La estancia hospitalaria suele ser corta y la recuperación, rápida.

Cuando la enfermedad afecta a varias arterias o al tronco principal, se opta por la cirugía de revascularización coronaria, el conocido bypass, que crea un nuevo camino para la sangre saltándose la zona dañada. Sea cual sea la intervención, el tratamiento se completa con medicación crónica: antiagregantes plaquetarios, betabloqueantes y estatinas o similares para controlar el colesterol.

Prevención: la herramienta que más vidas salva

Más allá del quirófano, la mejor opción sigue siendo la prevención. Una dieta de patrón mediterráneo, actividad física regular (al menos 150 minutos de ejercicio moderado a la semana), dejar el tabaco y vigilar la tensión, el colesterol y la glucosa reducen de forma drástica el riesgo cardiovascular según la Sociedad Española de Cardiología. Las revisiones periódicas a partir de los 40 años, sobre todo con antecedentes familiares, son una pieza clave del sistema sanitario.

Las administraciones también juegan su papel. La Comunidad de Madrid acaba de presentar un plan ante emergencias de salud pública orientado a reforzar el diagnóstico y la atención especializada, una línea que se completa con campañas autonómicas de cribado y educación sanitaria. Otras iniciativas divulgativas en torno a la salud, como los documentales que abordan enfermedades estigmatizadas, ayudan a normalizar la consulta a tiempo y a que los chequeos dejen de aplazarse.

El recordatorio detrás del caso

El caso de Peretti no es excepcional. La cardiopatía isquémica afecta a millones de personas y, en muchos casos, no avisa hasta que el daño está hecho. Hacerse un chequeo, escuchar al cuerpo cuando aparece molestia en el pecho, falta de aire o cansancio inusual, y mantener hábitos saludables son medidas al alcance de cualquiera. La sanidad pública española ofrece programas de revisión cardiovascular en atención primaria, con acceso en la mayoría de comunidades autónomas.

Preguntas frecuentes

¿Qué síntomas deben alertar de una cardiopatía isquémica?

Dolor o presión en el pecho, sobre todo con el esfuerzo, falta de aire, dolor irradiado a brazo izquierdo, cuello o mandíbula, sudoración fría y cansancio inusual. Conviene acudir a urgencias si los síntomas son intensos o no remiten en pocos minutos.

¿Es peligrosa la angioplastia con stent?

Es un procedimiento muy estandarizado y, en manos expertas, con baja tasa de complicaciones. La mayoría de pacientes recibe el alta en uno o dos días y retoma su vida normal en pocas semanas, con seguimiento cardiológico periódico.

¿Hay diferencia entre angina e infarto?

Sí. La angina es un dolor por falta transitoria de oxígeno, sin daño permanente del músculo cardíaco. El infarto implica necrosis del tejido por una obstrucción mantenida y requiere tratamiento urgente para limitar el daño.

¿Se puede prevenir la cardiopatía isquémica?

En gran medida, sí. Mantener tensión, colesterol y glucosa en cifras correctas, no fumar, hacer ejercicio regular y seguir una dieta equilibrada reducen el riesgo de forma muy importante, incluso en personas con antecedentes familiares.

¿A qué edad conviene empezar a controlar el corazón?

A partir de los 40 años en general, y antes si hay factores de riesgo o antecedentes familiares directos. Una revisión básica en atención primaria con tensión, analítica y electrocardiograma orienta sobre la necesidad de pruebas adicionales.

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