

El reciente anuncio del XV Plan Quinquenal de China para el periodo 2026-2030 establece una hoja de ruta que refleja un momento crítico para el gigante asiático. Aprobado por la Asamblea Popular Nacional, el plan es más que un esquema de crecimiento económico; es una estrategia para transformar el modelo de desarrollo del país frente a desafíos notables como la rivalidad tecnológica con Estados Unidos, el debilitamiento del sector inmobiliario y la presión por reducir su dependencia de la demanda externa. Este enfoque será fundamental para redefinir las prioridades económicas, industriales, tecnológicas y sociales del país.
El núcleo del plan es un «desarrollo de alta calidad». En lugar de buscar un crecimiento económico desmedido, China pretende consolidar sus fortalezas mediante el impulso de la innovación, la digitalización y el consumo interno, reduciendo su dependencia de la construcción y de exportaciones de bajo valor. Aunque el plan no especifica una meta fija de crecimiento para el quinquenio, deja claro que Pekín busca mantener el Producto Interno Bruto (PIB) dentro de un margen «apropiado» mientras avanza hacia su objetivo de ser una nación modernizada para el año 2035.
La tecnología emerge como el pilar de la nueva estrategia de China. Se espera un aumento anual mínimo del 7 % en el gasto de investigación y desarrollo (I+D) durante el periodo, con un enfoque particular en alcanzar la autosuficiencia en tecnologías estratégicas. Áreas como la Inteligencia Artificial, los semiconductores, la biomedicina y la computación cuántica son prioridad, y el plan menciona la IA en más de 50 ocasiones como una herramienta clave para la cadena industrial. La meta es mejorar la producción, centrándose en la manufactura avanzada y elevando el sector digital a que constituya el 12,5 % del PIB para el final de 2030.
El plan también enfatiza el fortalecimiento del mercado interno. Aunque mantiene un fuerte compromiso con la industria, hay un reconocimiento de que el consumo interno necesita aumentar de manera «notable». Esto se acompaña de objetivos sociales como mejorar la esperanza de vida, el acceso a servicios sanitarios y sociales y la estabilidad del empleo, promoviendo al mismo tiempo un equilibrio económico en un contexto de crisis inmobiliaria y deuda gubernamental local.
En el ámbito energético, China planea ambiciosamente reducir un 17 % sus emisiones de CO₂ por unidad de PIB y aumentar al 25 % la cuota de energía no fósil en su consumo total. Aunque se menciona una transición energética progresiva, el país no se despoja rápidamente del carbón, prefiriendo alcanzar un pico de consumo durante este periodo.
Por último, se destaca la importancia de la seguridad económica y la resiliencia de las cadenas de suministro en áreas críticas como la energía, los alimentos y la tecnología. Aunque busca proteger sus sectores estratégicos, China también tiene la intención de mantener una apertura controlada y seguir proyectando su influencia internacionalmente mediante el comercio y la cooperación.
En resumen, el XV Plan Quinquenal es una recalibración estratégica, que no solo busca guiar a China por los próximos cinco años, sino que también establece una estructura de prioridades diseñada para competir en las próximas décadas. El mundo observa de cerca mientras China se centra en una evolución económica que recae menos en el sector inmobiliario y más en tecnologías emergentes y un robusto mercado interno.
