En un curioso giro de acontecimientos en Roma, una reciente restauración en la histórica basílica de San Lorenzo in Lucina ha generado controversia al incorporar un querubín que supuestamente refleja el rostro de la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni. Este detalle fue descubierto por el periódico La Repubblica y ha causado un revuelo político y cultural. La obra, parte de un monumento funerario para Humberto II, último rey de Italia, muestra al ángel sosteniendo un pergamino con el mapa de Italia. Giorgia Meloni se tomó el asunto con humor en sus redes sociales, mientras el párroco de la basílica intenta minimizar la controversia al afirmar que la intervención no requería autorización oficial por tratarse de una pieza moderna.
El artista detrás de la restauración, Bruno Valentinetti, deslindó cualquier intención política, asegurando que no pretendía retratar a Meloni y añadiendo detalles de su variopinta carrera, que incluye trabajos para Silvio Berlusconi. Sin embargo, la implantación de una imagen que recuerda a una figura política contemporánea en un contexto religioso ha provocado reacciones mixtas. El Partido Democrático ha calificado la obra como «inaceptable», sugiriendo una violación de las regulaciones del patrimonio cultural, mientras que el partido de Meloni, Hermanos de Italia, desestima las críticas como un «delirio místico» de la oposición. La diócesis de Roma y varias fuentes eclesiásticas expresaron su sorpresa, mientras las opiniones divergen sobre las implicaciones culturales y simbólicas de esta peculiar representación artística.
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