
El uso del catalán en Barcelona ha experimentado un descenso notable a lo largo de las últimas casi cuatro décadas, pasando del 49% de los encuestados que declaraban ser hablantes habituales de la lengua en 1989 al apenas 35% actual. En respuesta a esta disminución significativa y tras agotarse los primeros cien días de la comisionada de uso social del catalán en el consistorio, se ha impulsado la creación de una Oficina del Catalán. Esta iniciativa busca revigorizar el uso de la lengua mediante diversas políticas lingüísticas, y pretende servir de armazón sólido para garantizar el mantenimiento y promoción del catalán en la ciudad, independientemente de la orientación política de futuros gobiernos municipales. La medida persigue no solo la continuidad del idioma en la esfera pública, sino también su respeto y fortalecimiento como herramienta de cohesión social y equidad de oportunidades.
Entre las acciones iniciadas está la creación del Consell de la Llengua Catalana de Barcelona, así como una nueva línea de subvenciones centrada en fomentar el catalán en espacios de formación y ocio, además del ámbito digital. Estas políticas buscan intervenir particularmente en los usos lingüísticos de los jóvenes, a través, por ejemplo, de colaboraciones con el Institut d’Estudis Catalans o la Casa de la Creació Digital en Català. Asimismo, la oficina planea implementar estrategias que realcen la visibilidad del catalán en el comercio y la restauración, trabajando en diálogo con los sectores implicados para convertir el idioma en un sello distintivo que fidelice clientes locales. La iniciativa cuenta con el respaldo de diversas instituciones y colectivos que, a pesar de críticas y resistencias, están decididos a trabajar conjuntamente para revertir la situación de emergencia lingüística.
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