

El 18 de noviembre, Madrid se convirtió en el epicentro de una movilización internacional contra el acuerdo comercial entre la Unión Europea (UE) y el bloque del Mercosur. Bajo el lema «Gira del Comercio Tóxico», diversas organizaciones sociales, ecologistas y sindicales, entre ellas la Confederación General del Trabajo (CGT), alzaron sus voces para expresar su preocupación y oposición a este pacto.
El contexto de esta protesta se enmarca en la previa de la Cumbre Climática en Brasil (COP30) y en las actuales deliberaciones de la UE sobre el acuerdo con Mercosur. Los críticos advierten que la formalización de este convenio podría tener consecuencias devastadoras: desde un aumento en la deforestación y la agudización de las crisis climáticas y ecológicas hasta el deterioro de las condiciones laborales y la agricultura familiar, favoreciendo el poder de las grandes corporaciones.
La «Gira del Comercio Tóxico» es una manifestación itinerante que recorrió 10 países de la UE, organizada por más de 45 agrupaciones pertenecientes a la Coalición Europea por la Justicia Comercial (ETJC). Estas entidades buscan concienciar sobre los riesgos socioecológicos y sanitarios que, según ellos, emanan de dicho acuerdo.
En sus proclamas, los manifestantes claman por una economía social y solidaria, rechazando firmemente los tratados de comercio e inversión perjudiciales. En cambio, abogan por la soberanía alimentaria, la justicia climática y la solidaridad a nivel internacional. El mensaje es claro: la protección del medio ambiente y de los derechos laborales debe prevalecer sobre los intereses comerciales y corporativos.
Mientras el debate continúa en círculos políticos y económicos, las voces disidentes se fortalecen, buscando influir en la decisión final. La cuestión que subyace es cuál será el futuro que se escoja: uno regido por el comercio indiscriminado o uno que priorice la justicia social y ambiental.
Fuente: CGT
