
La final de la Copa Colombia entre Atlético Nacional y Deportivo Independiente Medellín en el estadio Atanasio Girardot culminó en una violenta confrontación entre las hinchadas, dejando al menos 59 heridos, incluidos seis policías. La intervención de la Unidad de Diálogo y Mantenimiento del Orden, antigua ESMAD, logró controlar la situación tras 10 minutos de caos desatado. El partido terminó en victoria para Nacional, que sin embargo no pudo celebrar ni reclamar el trofeo debido al tumulto. La alcaldía de Medellín, encabezada por Federico Gutiérrez, condenó enérgicamente los sucesos, calificando a los agresores como “un grupo de desadaptados” y reafirmando que estas acciones no quedarán impunes.
Ante la recurrencia de la violencia en los estadios colombianos, las autoridades han iniciado investigaciones para identificar a los responsables a través de videos y testimonios en redes sociales. Manuel Villa, secretario de Seguridad, enfatizó la necesidad de sanciones administrativas y penales para quienes disfrazan la delincuencia de fervor deportivo. El viceministro de Diálogo Social, Gabriel Rendón, admitió fallas organizativas y anunció la creación de una comisión técnica para definir estrategias preventivas antes del inicio del próximo torneo. Las reacciones oficiales hacen eco de la creciente frustración ante la incapacidad de medidas anteriores para erradicar estas manifestaciones de violencia en el fútbol colombiano.
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