
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado un cierre temporal de dos años del Kennedy Center (KC) en Washington para llevar a cabo una «reconstrucción completa» del centro cultural. Este cierre comenzará después del 250 aniversario de la independencia del país, el 4 de julio, y busca transformar lo que Trump describe como un espacio «deteriorado y obsoleto» en un centro de artes escénicas mundialmente reconocido. El anuncio ha generado controversia, especialmente después de que Trump decidiera añadir su nombre al KC, renombrándolo como Trump Kennedy Center, en una medida que ha sido recibida con críticas por su carácter inusual y su orientación política, alineada con la ideología MAGA. Este cambio ha provocado reacciones negativas entre artistas e instituciones, y varios eventos planificados han sido cancelados en protesta.
La iniciativa de Trump de cerrar el KC para su renovación surge después de un año de revisión junto a contratistas y expertos, aunque los detalles sobre la financiación de este ambicioso proyecto siguen siendo inciertos. A pesar del optimismo expresado por Trump sobre el futuro del centro, el impacto de sus decisiones ya se refleja en el panorama cultural de Washington. Diversas personalidades y compañías han decidido abandonar sus vínculos con el KC, como la Ópera Nacional y el compositor Philip Glass, en desacuerdo con la nueva dirección del centro cultural. Además, ha habido una notable disminución en la venta de entradas, lo cual contradice las afirmaciones de la Casa Blanca de que el KC está en una era dorada. La medida también plantea interrogantes sobre el futuro de actividades esenciales como las realizadas por la Orquesta Sinfónica Nacional, cuya dirección y equipos han expresado su compromiso de permanecer en el KC hasta que las circunstancias mejoren.
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