
En un reciente acto en Florida, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, agudizó su retórica hacia Cuba al afirmar que el país norteamericano «tomará Cuba casi inmediatamente». Esta declaración se suma a una serie de amenazas de Washington en los últimos meses, elevando la tensión con el régimen castrista. Durante su discurso, Trump aludió a un posible despliegue del portaaviones SS Lincoln, sugiriendo que su arribo podría forzar una rendición del gobierno cubano. Estas palabras refuerzan la postura agresiva de su administración hacia la isla y reavivan las incertidumbres sobre las relaciones futuras entre ambos países.
El comentario del presidente se produce en un contexto de crecientes tensiones internacionales, ya que también mencionó un viaje a Irán antes de considerar la acción en Cuba. Las palabras de Trump parecen diseñadas para consolidar el apoyo de los votantes en Florida, un estado crítico políticamente y con una numerosa comunidad cubanoamericana. Sin embargo, su mensaje también podría generar reacciones tanto nacionales como internacionales, ya que la política estadounidense hacia Cuba ha sido históricamente un tema delicado. Con estas declaraciones, la administración actual continúa destacando a Cuba como una prioridad en su agenda de política exterior, dejando en duda cuál será el impacto real de estas amenazas en la región.
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