Camp East Montana, el centro de detención de migrantes más grande de Estados Unidos cuando está a plena capacidad, ha emergido como el epicentro de una crisis humanitaria tras la reciente muerte de tres detenidos en un lapso de 44 días. El caso más reciente involucra a Víctor Manuel Díaz, un nicaragüense de 36 años que fue hallado inconsciente en su habitación, siendo declarado muerto bajo circunstancias todavía investigadas oficialmente. Las autoridades refieren que fue un suicidio, pero las condiciones en el centro de detención han sido continuamente criticadas por denuncias de negligencia médica, maltratos y sospechas de homicidio. La muerte de Díaz viene a sumarse a otras dos tragedias: la del guatemalteco Francisco Gaspar-Andrés, inicialmente atribuido a causas naturales, y la del cubano Geraldo Lunas Campos, que ha sido particularmente controvertida con alegaciones de homicidio tras un supuesto uso excesivo de fuerza por parte de los guardias.
Ante esta preocupante situación, la Unión Americana por las Libertades Civiles (ACLU) ha pedido el cierre urgente de Camp East Montana, argumentando que las muertes eran prevenibles y reflejan un patrón más amplio de abuso y violencia sin control. Según la ACLU, las 32 muertes bajo custodia del ICE durante 2025 marcan un récord sombrío en casi dos décadas de operaciones de la agencia. Denuncian una serie de abusos dentro del centro, tales como golpizas, coerción para deportaciones, negligencia médica e insuficiencias alimentarias. La organización exige una investigación completa sobre estas prácticas y critica al gobierno por continuar operando una instalación donde las condiciones parecen violar gravemente la ley y las normas del propio ICE. En respuesta, el ICE insiste en su compromiso de garantizar un entorno seguro y humano para los detenidos, pero las recientes muertes ponen en tela de juicio esta afirmación.
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