En México, el fenómeno de las «tradwives» o «esposas tradicionales», mujeres que voluntariamente eligen dedicar su tiempo al hogar y las necesidades de sus esposos, ha adquirido matices propios que desafían la percepción generalizada de este estilo de vida. A diferencia de sus contrapartes en Estados Unidos o Europa, que suelen asociarse con clases medias o rurales, las «tradwives» mexicanas más visibles son principalmente mujeres urbanas de clase alta, autodenominadas «Señoras de Las Lomas» o «Sanpetrinas» debido a su residencia en áreas adineradas de Ciudad de México y Nuevo León. Este grupo, sin embargo, también se distingue por compartir en redes sociales una faceta más sofisticada de su vida, incluidas visitas a gimnasios exclusivos, restaurantes de lujo y la participación en actividades recreativas de clubes privados.
No obstante, un análisis más profundo revela que, contrariamente a la imagen ofrecida por las redes sociales, las «tradwives» en México conforman un grupo relativamente pequeño. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del INEGI, solo el 9% de las mujeres adultas se identifican como tales, una cifra similar a la de hace dos décadas. Además, estas mujeres no encajan necesariamente en los estratos socioeconómicos más altos ni más bajos, situándose principalmente en niveles intermedios de ingreso. Aunque Nuevo León destaca por tener una mayor proporción de «tradwives» urbanas, el fenómeno no ha mostrado un crecimiento significativo entre las generaciones jóvenes, sugiriendo que más que un resurgir conservador, se trata de una fantasía aspiracional que contrasta con el avance hacia la autonomía económica y el acceso educativo de las mujeres en México.
Leer noticia completa en El Pais.
